Chile · 6 Days · 37 Moments · January 2018

Santiago de Chile y alrededores


1 February 2018

La despedida, preparando la vuelta para mañana. Cena ligera en "El huerto": sopa de calabaza y surtidísima ensalada. Eso sí, un pisco sour para brindar por la próxima visita. ¡Hasta pronto, Chile!
Salir a caminar por las calles de Providencia, sin apuro en la tarde amable. Un aperitivo en Le Flaubert: ginger ale Canada Dry y un surtido de quesos y charcutería con sandwichitos de miga. Muy francés. Faltó la champaña.
Nuestro último almuerzo en Santiago. Un surtido de mariscos y de postre helados caseros y degustación de vasitos. Regado con pisco sour, por supuesto y en el restaurante del hotel Bonaparte, de Providencia.
La visita a Concha y Toro termina en la bodega más antigua, la de la familia, donde se estacionan los vinos de alta gama. Incluye un simpático espectáculo de luz y sonido durante el cual se relata la "inquietante" historia del Casillero del Diablo, la etiqueta más conocida de todas.
Para ilustración de los visitantes la bodega Concha y Toro tiene un "jardín" de cepas. Sin necesidad de adentrarse en las viñas se pueden conocer los distintos varietales y, si es la época adecuada, hasta saborear sus frutos. Por supuesto también hay carménère, la uva de Burdeos que se dió por perdida con la plaga europea de filoxera de 1863. Pero habían quedado plantaciones en Chile, donde se la identificó tardíamente y aquí encontró su nuevo hogar, adaptándose a la perfección y convirtiéndose en su cepa-insignia, tal como el malbec hizo en la Argentina.
La visita a Concha y Toro es un verdadero paseo, no sólo por el recorrido de su hermoso parque, sino porque las degustaciones se realizan en distintos puntos de este recorrido permitiendo disfrutar a fondo de lo servido en las copas (que son un "souvenir" que te entregan en una bonita caja). El final es, por supuesto, con Casillero del Diablo, la etiqueta emblema de la bodega.
Visita a la bodega Concha y Toro, en la zona del Maipo y la más antigua del país (1883) aunque actualmente es propiedad de un holding con viñedos en California y en Argentina. El paseo incluye un recorrido por la finca y su preciosa casa señorial (hoy patrimonio histórico) y sus cuidados jardines.

31 January 2018

Como toda visita a bodega, la degustación final es obligada. Nuestro amable guía nos acompañó en una degustación guiada donde, como de costumbre, se ofrecen distintas líneas de la bodega y todas fueron apetecibles. Los tintos provienen de cultivos andinos, pero toda la producción se realiza en esta planta. En el hall principal tiene una bonita boutique, con algunas chucherías interesantes, y un wine bar muy bien instalado. Como curiosidad, una colección de sacacorchos de distintas épocas y lugares.
La visita fue interesante y bastante informativa gracias a la amabilidad de nuestro guía. La bodega Veramonte es nueva (1991) y está impecablemente cuidada, limpia y ordenada. Es casi escenográfica. Los grandes toneles de acero son para el filtrado y fermentación. Barricas y toneles de madera y huevos de hierro son para el estacionamiento.
El moderno edificio y los viñedos de Veramonte, en el valle de Casablanca, la zona vinícola más joven de Chile donde hace apenas treinta años se introdujo la producción de vinos blancos, principalmente sauvignon blanc y chardonnay, gracias a su clima más benigno y sus neblinas matinales que proporcionan un ambiente similar al de los valles californianos.
Fuimos a Isla Negra con una excursión contratada de día completo y nos llevaron a almorzar a Algarrobo. Esperábamos el clásico comedor para turistas, desangelado, ruidoso y con un menú poco interesante. Tuvimos una agradable sorpresa al llegar a Cavafé, un bonito restaurante, con excelente atención y una carta no muy extensa pero variada. Veníamos de Isla Negra, así que se imponía un delicioso caldillo de congrio y seguimos con su majestad el congrio, pero a la plancha, con puré picante y con verduras salteadas. Todo buenísimo. De postre, un rico suspiro limeño. Algunas imágenes de la feria artesanal frente al restaurant: un nostálgico metegol de madera, como los de antes, y algunos carteles con ideas.
Isla Negra, a poco más de una hora de Santiago. La más famosa casa de Neruda no está en una isla sino sobre una agreste playa de rocas oscuras, de ahí su nombre. Mantiene el estilo de unidades separadas, pero que aquí se despliegan en un mismo plano que se yergue sobre el mar. También como las otras está llena de objetos, algunos muy valiosos y otros no, y además exhibe la colección de caracoles en una sala nueva y construída por separado. Como en las otras casas, la circulación es muy restringida y con audioguía. Curiosamente, el único lugar de acceso libre y gratuito es la tumba de Pablo y Matilde, por la cual los visitantes circulan sin ninguna deferencia ni consideración y se sacan fotos con el mismo respeto que si se tratara de la monstruosa escultura de la rambla de Puerto Montt. No hay cuidado ni por parte de quienes visitan la casa ni por parte de la gente de la fundación que sí se ocupa de controlar cualquier otra cosa que se haga en la casa. Para pensar.

30 January 2018

En un extremo de la bahía, un retrato de sus habitantes alados y una vista panorámica de la ciudad; en el otro, sus actividades de siempre: la marina de guerra y el comercio internacional.
La "Esmeralda", el buque-escuela de la armada chilena está apostado en Valparaíso y periódicamente lo sacan a navegar por la bahía para su mantenimiento. Toca la sirena durante un largo rato para avisar a los vecinos y que éstos puedan ir a verlo. Su nombre es un homenaje a la "Esmeralda" original, hundida en el combate naval de Iquique (1879) y donde también murió la mayor parte de su tripulación.
El "Evangelistas", con el que fui a los fiordos chilenos en el 2011, en reparación en un muelle flotante en el medio de la bahía. ¡Qué emoción, qué hermosos recuerdos!
Embarcamos en una lancha de paseo, en el muelle Pratt, para hacer una breve navegación por la bahía. Turístico 100 %.
Bajando desde "La Sebastiana" hacia el centro está el Museo al Aire Libre, varias manzanas con sus paredes decoradas con murales muy variados en su temática y tamaño.
"La Sebastiana", es la casa de Neruda en la parte alta de la ciudad. Como todas las otras casas del poeta, es disfuncional y acogedora, y tiene una maravillosa vista sobre la bahía. Es la única que puede recorrerse con más libertad, yendo y viniendo. Lamentablemente también emplea un servicio de audioguías y tampoco permiten tomar fotos en su interior.
"Los porteños", un clásico restaurant del centro histórico para degustar platos tradicionales, pescados y mariscos. Como la merluza austral o las empanadas de jaivas de las fotos.
La plaza de la Aduana, más murales y el ascensor Artillería, en el centro de esta ciudad cuyo gentilicio, "porteños", es igual al de los habitantes de Buenos Aires, en el otro océano.
Otro imperdible en Valparaíso: los ascensores que ayudan a salvar el desnivel entre las calles de esta ciudad que trepa por las montañas. Estas estructuras de madera y hierro ya centenarias parten del casco histórico que es Patrimonio de la Humanidad UNESCO.
Las cercanías de la Plaza Sotomayor. Hermosos edificios abandonados, antiguos comercios atendidos por sus dueños originales y los murales que le están cambiando la cara a la ciudad.
Plaza Sotomayor, centro histórico de "Valpo", con edificios públicos y privados alrededor de la plaza en una sinfonía de estilos. Frente al muelle Pratt, el monumento que recuerda a los caídos en el combate naval de Iquique, en la Guerra del Pacífico, y la resistencia hasta el final del comandante Pratt y sus hombres a bordo de la Esmeralda, luchando en condiciones muy desventajosas contra el acorazado Huáscar de la armada peruana.
Llegada a Valparaíso. Una amabilísima joven nos atiende en la oficina de la terminal y nos aconseja tomar el tranvía eléctrico (uno de los atractivos de la ciudad) para llegar hasta plaza Sotomayor donde comienza el free walking tour. A diferencia de Santiago, donde el transporte público se paga con una tarjeta, en Valparaíso todo es en efectivo. Llevar cambio.
Nos vamos a pasar el día en Valparaíso, tomando el bus en terminal Pajaritos que está en las afueras de la ciudad. Es bastante lejos, pero los buses salen de aquí cada quince minutos. Se puede llegar con el metro a esta terminal muy amplia y moderna que hasta tiene una biblioteca al paso.

29 January 2018

Nos mudamos al barrio de Providencia, al hotel Bonaparte. Una decisión acertada. El barrio es precioso y muy tranquilo. Y el hotel es muy bonito, viejo pero bien cuidado, con lindas habitaciones y muchos espacios comunes, incluso jardines y patios. Vamos caminando hasta la zona comercial de avenida Providencia y por allí hasta el mall Costanera, uno de los más grandes y modernos de la ciudad, con locales de grandes marcas internacionales. Hay buenos descuentos por fin de temporada y aprovechamos para hacer algunas compras. Nos quedan tres días enteros por delante y pensamos recorrer los alrededores.

28 January 2018

Teatro Municipal, en el barrio histórico.
Barrio Nueva York, la zona bancaria cercana a la peatonal Ahumada. Edificios centenarios y art deco.
Plaza de la Constitución, una explanada frente sl Palacio de la Moneda, sede del poder ejecutivo y donde fue sitiado el presidente Salvador Allende por el golpe militar de Augusto Pinochet en 1973.
Museo de Arte Precolombino, en calle Bandera. Un imperdible. Una hermosa colección muy bien expuesta. Me decepcionó la muestra temporal sobre la cultura atacameña deTaira. Pocas obras y mucha tecnología "interactiva". Hubiera preferido más sustancia. La tienda linda y cara, como suele ser.
Plaza de Armas, centro histórico de la ciudad, fundada a mediados del siglo XVI. En ella la estatua ecuestre del fundador Pedro de Valdivia y el monumento a los pueblos originarios. A su alrededor edificio de correos, municipalidad, catedral y museo histórico y el paseo comercial con locales de gastronomía. Es punto de partida para los free walking tour.
El Mercado Central está ocupado en su mayor parte por el restaurante Don Augusto (¿será un homenaje?) Comimos machas a la parmesana, centolla al ajillo y "jardín de mariscos", una bandeja surtida con machas, locos, ceviches y otras yerbas. Todo estaba bien. Y punto. Sin estridencias. Nada de sabores que quedan atesorados en la memoria. Tomamos una botella de vino pequeña (de las de 1/8) y dos botellas de agua. Sin postre. Y pagamos aproximadamente U$ 120. Un disparate completamente alejado de lo que representa comer en un mercado que es un lugar popular. Para no volver.
Volvemos a cruzar el Mapocho y nos vamos por la orilla hasta llegar al Mercado Central. En mi recuerdo, de hace más de veinte años, quedé deslumbrada con este lugar. Yo venía de Buenos Aires, donde ferias y mercados habían sido arrasados, y este espacio, tan viejo y a la vez vital, me enamoró. Los puestos de frutas y verduras en el área central, las modestas y alegres "cocinerías" en la galería superior, los maravillosos puestos de pescado y marisco fresco a su alrededor. Todo conformaba una sinfonía de colores, olores y sonidos que emborrachaban los sentidos, igual que el fresco vino pipeño que se servía en jarra. Hoy el mercado es otro. Ya no hay puestos de frutas y verduras, sino de artesanías industriales. Quedan pocas cocinerías y están casi vacías. Sí se mantienen aún los maravillosos puestos de pescado y marisco y las personas van allí a hacer su compra.
Por la mañana nos vamos caminando hasta "La Chascona", la casa de Neruda. El recorrido nos lleva bordeando el cerro Santa Lucía y el Parque Forestal a cruzar el río Mapocho y entrar en el precioso barrio de Bellavista. La casa está en una calle tranquila y se accede por un discreto portón. Está recostada sobre el faldeo del cerro San Cristóbal y tiene una estructura disfuncional en varios cuerpos, pero es muy acogedora. La circulación está muy restringida y el recorrido (en un sentido único y sin retorno) se hace con una audioguía. Una pena. En mi primera visita, hace ya muchos años, tuvimos un guía excelente que llenó el recorrido de reflexiones y anécdotas. Ahora es todo muy impersonal. Pero hoy como ayer, sólo permiten fotos en los exteriores. La tienda es muy bonita y surtida y también muy cara, como suelen ser las tiendas de museos. Me sorprendí encontrando obras de Neruda cuya existencia ignoraba.

27 January 2018

Esa noche salimos a caminar un poco, siguiendo el camino de las peatonales hasta la Plaza de Armas que era un hervidero de gente. Había discursos, espectáculos callejeros, vendedores, familias enteras. Comimos una pizza en Marco Polo, un gran restaurante con mesas en vereda, y de postre un pisco sour. Mañana será otro día.
Nos alojamos en la zona de Plaza de Armas, en el hotel Sommelier. El centro histórico no es un barrio feo pero es bastante solitario por las noches y los fines de semana. No es una buena opción para turistas. El hotel, sin embargo, es muy lindo. Tiene un desayunador muy agradable y el desayuno buffet no está mal. No tiene espacios comunes, se pasa de la recepción al ascensor y de allí a la habitación. La nuestra era un departamento muy cómodo, con salón y kitchinette. Las camas no muy grandes, pero cómodas y con buena ropa. Muy buena iluminación natural y artificial y ventanas dobles que aislan el ruido de la calle. A ambos lados del hotel hay clubes nocturnos, algo que iremos encontrando frecuentemente por toda la ciudad. Otro lugar, otras costumbres.
Llegamos a Santiago desde Calama un sábado por la tarde. Tomamos un taxi del servicio de aeropuerto, que demora unos 30' y cuesta alrededor de U$ 40. Muy mal organizado. Te mandan a la dársena sin referencias y los coches no tienen identificación. Puede abordarte cualquiera y hacerte subir a cualquier vehículo. Bastante deficiente para un servicio que no es nada barato.