Switzerland, India, Spain · 30 Days · 123 Moments · August 2017

Aventura de Ivan y Júlia en India


13 September 2017

Ya en España, nos dimos una larga ducha (rascandonos bien) para poder volver a sentirnos limpios después de un par de dias de estar perdidos por la india y nos sentó genial. Pudimos relajarnos un rato en la cama, y como estábamos tan casados (no nos veíamos con fuerzas para ir al super y cocinar), fuimos a por unas bandejas de sushi al Sitake ya. Los dos teníamos mono la verdad y fue todo un cambio después de tanta comida india. Aquí termina nuestro viaje y un gran més repleto de experiencias, aprendizajes, risas y aventuras. Esperamos poder hacer más journies y vivir más experiencias así.

12 September 2017

Llegamos tan pronto al aeropuerto que el mostrador de facturación todavía no estava abierto, pero tras poco tiempo ya pudimos deshacernos de nuestras pesadas maletas. Efectivamente hubo bastante cola para pasar el control de pasaportes, pero como nosotros íbamos con bastante tiempo no estábamos nada preocupados. Otros, en cambio, parece que el estrés lo tienen incluso en vacaciones, y no paraban de correr de un lado a otro. Para hacer tiempo mientras esperábamos la salida del avión, decidimos gastar nuestras últimas rupias y pedirnos unas hamburguesas en el McDonalds, que tampoco se salvan del picante de la India. Luego descansamos un rato en unas butacas muy cómodas y a la hora fuimos a nuestra puerta de embarque para entrar y seguir durmiendo un ratito más en el avión. En este nos dieron "desayuno" que no estuvo nada mal la verdad, y venía con un zumito de mango😁. La verdad es que el viaje no se nos hizo pesado, a pesar de que en el vuelo de Zurich tuvimos más de 1h de retraso.
Sin dinero en nuestros bolsillos y con las tiendas cerraradas decidimos que ya era hora de irnos para el aeropuerto. Aún era temprano y teníamos margen, pero preferíamos ir con tiempo por si las moscas (en la India nunca se sabe). Además ya nos habían dicho que siempre había muchas colas. Tristes por la despedida, dimos un último vistazo a la ciudad y buscamos uno de los puestecillos de comida callejeros para comprar unas galletas de mantequilla que tanto nos gustan: no nos podíamos ir sin ellas. El metro, bastante moderno la verdad (más que el de Barcelona), llegó puntual y fue más rápido de lo que pensábamos por lo que llegamos prontito al aeropuerto. De esta manera tuvimos tiempo para organizar todo lo que nos quedaba (compras incluidas) y embalar bien (al estilo indio) nuestras maletas antes del viaje.
Después de recorrer todo el Main bazar, entrar en muchas de sus tiendas y desmontar otras tantas de telas (para variar), decidimos parar a comer. Nos decantamos por el Brown bread bakery de Delhi en el cual teníamos descuento. Además Júlia estaba un poco pachucha y prefería ir ahí. Yo me pedí un pollo tika malai para probar algo distinto y despedirme de la comida india y Júlia un pan con tomate y queso. Por la tarde, seguimos comprando hasta que gastamos todo nuestro dinero en figuritas, dibujos y camisetas.
Después de un largo trayecto de tren llegamos a Delhi. Lo primero que hicimos fue dejar las mochilas en una consigna de la estación y así ir más ligeros para pasear por la ciudad. Tras dejarlas, nos dirigimos al mercado de las especias de la ciudad (nos costó un poco encontrarlo). Cuando llegamos no sabíamos exactamente que teníamos que comprar ni donde, pero tras dar un par de vueltas y entrar en algunas tiendas supimos que comprar y donde. El olor a especies de la zona a veces es tan embriagador que nos picaba la nariz y todo. Al final decidimos 3 tiendas diferentes en las cuales compramos grandes cantidades de especias (curry, masala, korma) y tés (masala chai y mango). Cuando ya habíamos comprado todo lo necesario nos dirigimos al Main bazar a ver que más podíamos comprar para terminar nuestro viaje y todas nuestras rupias.

11 September 2017

A las 14:00 salía nuestro tren destino Delhi, nuestra última parada. A pesar de que salimos del hotel con una hora de antelación, llegamos a la estación tan solo 10 minutos antes de que saliera el tren. La gran sorpresa llegó cuando vimos en la pantalla que nuestro tren se había cancelado. Sin entender nada y sin saber que hacer, preguntamos a uno de los policias de la estación que nos redirigió a la oficina de turismo de la estación. Allí una simpática india nos informó de lo que había pasado y las opciones que teníamos. Como alternativa nos ofreció otros dos trenes que salían de Manduadih, la otra estación de Varanasi. El primero de ellos no salía hasta las 19:30, pero no teníamos otra opción. Como no, en la India nada es fácil y tuvimos que ir al Tourist Bureau en el edificio de al lado para poder comprar los billetes. Tuvimos suerte y quedaban plazas disponibles en sleeper, así que no nos lo pensamos dos veces. Nos dirigimos a la otra estación y esperamos hasta que saliese el tren.

10 September 2017

Como no, al terminar el paseo en barco, anduvimos un poco más por los ghats y vimos de lejos un trozo de la ceremonia que habíamos visto la tarde antes. A pesar de la siesta, estábamos algo cansados así que sobre las 19:30 decidimos ir al Brown Bread Bakery a tomar algo y a escuchar el concierto del sitar acompañado por los tambores. Degustando un zumo de limón y un swirl de mango (no hace falta decir que es de quien) disfrutamos del concierto y del ambiente de viajeros.
El típico paseo en barca por el Ganges no podía faltar en nuestro viaje. Como ya llevábamos muchas horas en la calle, decidimos descansar un rato en el hotel antes de iniciar nuestra travesía. Tras nuestra única y larga (nos quedamos dormidos) siesta en la India, nos adentramos de nuevo en los Ghats a regatear con los barqueros. Pactamos un trayecto desde el hotel hasta el Ghat crematorio, el Manikarnika, y volver de 1 hora con 10 minutos de espera en una barca de remos (sin el traqueteo del motor) por 400 rupias. Lo cierto es que acertamos bastante la hora de la travesía (17:30-18:30) ya que pudimos ver como el sol se escondía por detrás de los ghats y anochecía. Parados en el Ghat Manikarnika vimos las piras crematorias y como bañaban a un cuerpo en el Ganga. El paseo en barco no es nada extraordinario, pero estuvo bien.
Con nuestros estómagos al tope, volvimos a los famosos Ghats. Nos pareció tan curioso todo lo que hacían en el Ganga que nos encantaba volver y recorrerlos una y otra vez; cada vez veías algo diferente. Eso si, para protegerse de los 40°C y la elevada humedad los listos vendedores y los monjes se apoderaban de unas grandes sombrillas. De otra manera era imposible permanecer allí quieto y no fundirse. Su particular gusto por el arte ya no nos sorprende, pero ver dos pinturas enormes de dioses en las torres de agua fue algo que todavia llamó nuestra atención. Cuando se nos acabaron los ghats, entramos de nuevo en la Ciudad Vieja donde encontramos un mercado de frutas y verduras. A la hora de comer, íbamos en busca de un restaurante que aparecía en la lonely, pero por el camino nos cruzamos con un restaurante coreano que no tenía mala pinta (estaba lleno de blanquitos) y decidimos probar suerte. Degustamos un plato combinado de noodles con pollo que resultó ser bastante sabroso.
Con el madrugón que nos habíamos pegado, nos merecíamos un buen desayuno, de modo que acudimos de nuevo al Brown Bread Bakery a reponer energías: Ivan con un swirl de banana/mango y un zumo XL de mango (se le va a quedar cara de mango al muchacho) y yo con un pancake de nutella y un lassi de chocolate. Para los curiosos un swirl es un zumo de fruta con helado de vainilla encima y frutos secos como topping.
Tras contemplar sus rituales, nos dedicamos a hacer una de las cosas que más nos gusta: callejear. Anduvimos por la ciudad vieja de Varanasi, contemplando el día a día de sus habitantes. Una cosa que no deja de llamarnos la atención es ver "barberías" por doquier; cualquier lugar les va bien para cortarse el pelo o afeitarse. Además, en Varanasi es mucho más frecuente que en el resto de ciudades, ya que a los 10 días de la muerte de un familiar todos los miembros varones deben raparse el pelo. El resto de la madrugada estuvimos paseando por los abarrotados ghats. Es curioso que a orillas del río encuentras tanto gente lavando ropa, como gente bañandose, como gente haciendo pujas o peculiares rituales.
Varanasi es conocida como la ciudad más sagrada de la India, y no en vano. A ella acuden miles de hindúes cada año a despedirse de sus seres queridos. La ceremonia del "funeral" es muy compleja. Primero, deben llevar el cuerpo cubierto con una tela encima de unas cañas de bambú por las callejuelas de la ciudad hasta el Ghat crematorio situado en el río. Una vez allí, tienen que bañar el cadaver en las aguas del Ganga para purificarlo. Tras dejarlo secar y preparar una pira de madera, colocan el cuerpo entre las maderas y le prenden fuego. Después de estar quemando durante 3h tiran sus cenizas y sus pertenencias al río sagrado. Antes de llegar al Ghat crematorio tuvimos un pequeño encontronazo con un hombre que nos pedía dinero por haber hecho una foto (desde muy lejos donde no se veia nada). Nos negamos a entrar en su juego y nos estuvo persiguiendo un buen rato. Finalmente, contamos lo sucedido a otro indio y el mismo nos acompañó al Ghat crematorio y nos explicó muchas cosas.
Levantarse a las 4:00 de la mañana sí que es madrugar, y lo demás son tonterias. Nos habían recomendado ir a ver la ceremonia del amanecer en el Assi Ghat, y nosotros no nos la podíamos perder. Cruzamos todos los ghats desde nuestro hotel al Assi Ghat (que era el último) a las 4:30 am. Fue curioso ver como cambia la ciudad y el ambiente de noche: mucha gente durmiendo en los barcos, escaleras.. cualquier sitio les va bien. Llegamos puntuales para ver la ceremonia, que fue parecida a la de la tarde anterior, aunque en esta además había un grupo de niñas cantando. Aún así, el madrugón mereció la pena ya que pudimos ver amanecer sentados en el ghat al son de la música del sitar que provenía del concierto que habían organizado en la parte de arriba.

9 September 2017

A las 20:00 habíamos quedado con nuestros nuevos amigos, Francisco y James, para ir al Centro Internacional de Musica de Varanasi donde tenía lugar un concierto de sitar y tabla. Como la ceremonia se alargó, llegamos un poco tarde, y como el espectáculo ya había empezado hacia 20 minutos, decidimos no entrar. Mientras estábamos fuera discutiendo que hacer, aparecieron nuestros amigos, que tambien llegaban tarde. Nos acercamos al centro y al ver lo que era y que teníamos que pagar, decidimos ir a un restaurante cercano, el Brown Bread Bakery, en el cual también había concierto. Ya en el restaurante nos sentamos en una gran mesa, con 3 chicos más. Uno de ellos estaba comiendo una hamburguesa que tenía bastante buena pinta y nos hizo gola, así que pedimos una cada uno. Yo me tomé además un zumo XL de mango, buenísimo, el mejor que me he tomado nunca. La verdad es que el ambiente del lugar era genial y los músicos de fondo le daban su toque.
Nuestro simpático casero nos había recomendado ir al Dashashwamedh Ghat a las 6 de la tarde para ver una ceremonia hindú. Sobre esa hora nos acercamos al lugar, que ya se encontraba repleto de gente. Resulta que la ceremonia no empezaba hasta las 19:00, pero de esa manera pudimos coger un buen lugar para ver el espectáculo (de pie, ya que la señorita no se quería sentar; y luego el señorito no se quiso sentar por cabezón). La ceremonia estaba oficiada por 7 babas, y aunque no entendíamos muy bien el porque de las cosas, nos pareció curiosa. Se dedicaban a mover en el aire diferentes objetos (candelabros enormes, plumas de pavo real, cazos humeantes...) perfectamente sincronizados, hacia cada uno de los cuatro lados, mientras de fondo sonaban cantos y plegarias, además del tintineo típico de las campanas en este tipo de ceremonias.
Queríamos visitar el Templo Vishwanath (Golden Temple), que es el templo más sagrado para los hindúes. Al ser un lugar tan especial, muchas veces no dejan entrar a extrangeros, pero decidimos probar suerte. Dejamos todas nuestras cosas en una consigna (no se puede entrar nada) y nos dirigimos a la entrada donde nos cachearon. Avanzamos por un estrecho y claustrofóbico pasillo hasta que llegamos a una entrada. Nos hicieron enseñar el pasaporte y registrarnos, y tras esto, por suerte, logramos entrar. Dentro era un caos, de manera que decidimos ponernos en la primera cola que vimos. Esta nos condujo al lugar más sagrado donde los hindúes hacían sus pujas. Lo curioso fue que al pasar por allí nos pusieron un collar de flores a cada uno. Sin saber que hacer con ellos nos decantamos por llevárnoslos y le preguntamos al chico de la consigna que debíamos hacer con ellos. Nos explicó que eran una bendición y que podíamos quedárnoslos, o bien, lanzarlos al Ganges como ofrenda, y así lo hicimos.
Después de un corto paseo por la orilla, nos adentramos en la ciudad vieja para buscar un restaurante que recomendaba la Lonely. Encontramos uno que se llamaba igual, pero resultó ser una estafa, ya que no era nada igual a lo que ponía en la guía. Cuando nos cansamos de estar dando vueltas por callejones y ver que no lo encontrábamos decidimos ir a uno cercano al hotel. El restaurante se llamaba Dolphin y la verdad es que tenía unas vistas al Ganges muy buenas. Por dentro el restaurante estaba muy limpio y bien cuidado, parecía uno europeo. Todo esto se refleja en el precio de los platos y la comida nos salió algo más cara de lo habitual, pero estuvo todo bastante bueno. Júlia peco y se pidió unos macarrones, dice que esta cansada de la comida de aquí (antes criticaba a los que lo hacían). Yo, manteniéndome fiel a la esencia me pedí un paneer kishna o algo así (ya veis lo fiel que es que ni sabe lo que come). (Al menos se que es indio).
Cuando conseguimos llegar a nuestro hotel, el Eden Halt, un pequeño Guest house de 4 habitaciones, o eso leímos, no sabíamos que nos encontraríamos. Tuvimos suerte ya que tenía una habitación libre, desde la cual se podía ver el Ganges. La verdad es que hacia un poco de calor en la habitación, pero la localización, que estaba limpio, y sobretodo, su simpático dueño, hacen que este alojamiento valga mucho la pena. El dueño nos recomendó que ver y nos dió información de cuando empezaban y terminaban las ceremonias y en que ghats se llevaban a cabo. Sumado a todo esto, el precio de la habitación estuvo bastante bien. Tras habernos duchado y ordenado las cosas en la habitación (Ivan tiene la manía de deshacer la maleta entera cada vez), decidimos pasear un rato por los Ghats cercanos.
A las 22:30 quedamos con nuestros dos nuevos amigos para coger un tuk tuk dirección a la estación de trenes. Para variar, tuvimos que esperar un buen rato en la estación. Por suerte, esta vez conocimos a una pareja de chilenos muy majos con los que intercambiamos anécdotas, de manera que el tiempo pasó volando. Tras entrar en el tren y comprobar que prácticamente todos los pasajeros del vagón eran blanquitos (la mayoría españoles), nos acomodamos en nuestras camas para dormir algo esa noche. Ya por la mañana, cuando faltaba poco para llegar, el tren se paró. Estuvimos largo rato esperando hasta que averiguamos que había problemas (eléctricos creemos) y que no se sabía cuando podría continuar el tren. Al ver que no estábamos muy lejos de la estación de Varanasi, decidimos bajar y continuar andando por la vías hasta la estación. Fue una experiencia graciosa que todavía nos quedaba por vivir.

8 September 2017

Por la tarde, aunque estábamos un poco cansados, decidimos ir a visitar uno de los templos que se encuentran más al sur de Kajuraho. Por el camino volvimos a pasar por el laguito cercano a la ciudad vieja y callejeamos un poco por esta. Antes de llegar al templo nos paramos en otro de ellos dedicado a Brahma. Dedicados a este dios solo hay dos en toda la india: uno en Pushkar, el cual ya visitamos, y este, que encontramos de casualidad. Tras la breve visita continuamos nuestro camino hasta el otro templo. Era el más sencillo de los que habíamos visitado y se repetían muchas figuras, por lo que descansamos un poco en sus jardines que eran muy bonitos y estaban bien cuidados. Además, el templo estaba al lado de un río lo que nos gustó a ambos.
Con todo ya recogido y el check out realizado nos dirigimos a visitar unos templos cercanos al recinto oeste. Antes de iniciar nuestro recorrido decidimos desayunar algo en el lassi corner, donde nos encontramos a nuestro amigo mejicano acompañado por un inglés. Nos sentamos todos juntos y pedimos lassis y crepees, todo muy bueno la verdad. Después de una agradable charla y un copioso desayuno iniciamos nuestra ruta. Primero fuimos al templo de Shiva, que era parecido a todos los que habíamos visto hasta el momento, pero el interior era totalmente distinto y bastante curioso. El siguiente templo estaba algo más apartado y había que rodear el lago. Se encontraba totalmente en ruinas, pero fue curioso ver como eran antes, ya que este es uno de los más antiguos de la zona. Queríamos llegar hasta un 3r templo, pero estaba más alejado y el calor ganó a las ganas de Júlia por verlo, por lo que volvimos al pueblo y descansamos un rato en una sombra al borde del lago.

7 September 2017

Tras despedirnos de los jóvenes (que nos pidieron algo de dinero por todo lo explicado) fuimos a los templos jainistas.
Lo primero que fuimos a visitar después de comer fue el museo arqueológico, en el cual vimos algunas piezas que se encontraban en los templos. Solo hay una foto porque estaba prohibido, pero la hice antes de enterarme. La verdad es que el museo no es gran cosa. Tras esto, fuimos a visitar los templos de la ciudad vieja de Kajuraho. De camino a estos nos encontramos con dos jóvenes que vivían en la zona y nos acompañaron hasta los templos, pasando por un camino que rodeaba el lago. Vimos primero los templos más alejados del pueblo viejo, los cuales eran muy similares a los que habíamos visto esa mañana. Después de ver varios templos de la periferia entramos en el pequeño poblado, muy humilde y sencillo, lleno de lugareños. Visitamos la escuela de los niños y el director de esta nos explicó lo que hacían en ella y como contribuían con el pequeño pueblo, una gran labor.
Después de nuestro paseo por los templos y en vista de que el calor no tenía pinta de parar, decidimos ir a comer a un restaurante cercano. Nos pedimos unas bolas de mozarella rebozadas con salsita y un pollo labdabar, parecido al masala pero con una salsa mas dulzona y suave (no hay foto porque se nos olvidó como muchas otras veces). Cuando terminamos la comida, muy buena por cierto, nos quedamos a descansar un poco más para que pasasen las peores horas de calor (y para que Ivan se echara una mini siesta) y luego proseguir nuestro camino.
"Completamente" limpios salimos del hotel en búsqueda del conjunto de templos oeste. Cuando tan solo habíamos caminado 100m la entrada apareció ante nosotros. Los templos del recinto oeste son los que se encuentran mejor conservados y los más grandes, por este motivo son de pago. Siguiendo el recorrido que marcaba la lonely visitamos los templos y nos entretuvimos largo rato observando sus tallas exteriores. Desde escenas de la vida cotidiana, como batallas con elefantes o fiestas con músicos, hasta posturas del kamasutra y orgias, todo vale en los templos de Kajuraho. Por lo que respecta al interior, todos los templos son muy similares: sencillos, oscuros y con un sanctasanctorum gobernado por una estatua de la deidad correspondiente (también con algunos invitados, los murciélagos). A pesar del achicharrante calor y del ardiente suelo (para entrar en los templos hay que quitarse los zapatos y te quemas) disfrutamos del lugar haciendo paraditas bajo la sombra de los árboles.

6 September 2017

Estuvimos en el hotel durante unas 4 horas descansado y haciendo tiempo para coger nuestro tren dirección Kajuraho. Al salir por la puerta del hotel ya nos esperaba nuestro "tuk tukero" para llevarnos a la estación de trenes. Aunque tuvimos un susto momentáneo porque nuestro tren desapareció de las pantallas, ya somos unos expertos en coger trenes y todo fue rodado. Antes de subir al tren conocimos a Francisco, un mochilero mejicano muy majo. Con una hora de retraso, como siempre, nuestro tren llegó a su destino. Al bajar del tren una marabunta de conductores se echaron sobre nosotros ofreciéndonos diferentes precios para ir hasta nuestro hotel. Se enzarzarón en la mayor competición de tuk tukeros que jamas habíamos visto, lo cual nos vino genial ya que conseguimos que nos llevaran por tan solo 20 rupias (la carrera más barata hasta el momento).
Salimos del restaurante dispuestos a pasear y echar un vistazo por las tiendecillas, pero resultó que en la zona escaseaban las tiendas y solo pudimos encontrar algunos puestos donde vendían estatuillas y figuras. Aún así, los propietarios nos invitaban a entrar con tanta insistencia que las visitamos prácticamente todas (ya íbamos dispuestos a ello). Nada captó nuestra atención, de manera que seguimos deambuleando sin rumbo hasta dar con un caminito que conducía al río. El camino discurría por el lado este del Taj Mahal, de modo que al llegar al final tuvimos otra nueva perspectiva del colosal monumento. Nos sentamos a orillas del río y vimos como la puesta de sol caía sobre el Taj antes de deshacer el camino y volver al hotel.
Durante el trayecto en tuk tuk decidimos ir a un restaurante, pero al llegar y ver lo abarrotado que estaba, pasamos a la opción B: otro restaurante que estaba enfrente. Como los platos indios no nos inspiraron, optamos por pedir unos chowmein con huevo y un birany. Los noodles resultaron estar riquísimos, pero el arroz fue algo más sosillo. Al terminar de comer, en vista de que no teníamos grandes planes para la tarde, decidimos subir a la azotea del restaurante a tomar algo. Como no, un lassi para Júlia y un masala chai para Ivan. Mientras contemplábamos la vida de la ciudad pudimos ver la peregrinación de los monos (un montón de monos pasando de una azotea a otra) con la que nos entretuvimos un rato.
Cerca del fuerte de Agra se encuentra la Jama Masjid, la mezquita más grande de la ciudad que se encuentra rodeada por el "famoso" bazar Kinari. Teníamos intención de visitar la mezquita y sus alrededores durante la tarde, pero al terminar tan pronto de ver el fuerte, avanzamos nuestro programa. Para acceder a la mezquita, como siempre, tuvimos que descalzarnos, pero el suelo quemaba tanto que decidimos no visitarla. Cuando nos disponíamos a irnos, un guía voluntario nos invitó a entrar. Nos explicó cuatro chorradas de la mezquita (ya que no tienen gran ornamentación) y luego nos pidió sus "merecidas" tips. Tras la visita anduvimos durante aproximadamente una hora por el bazar, pero ante la decepción de este, decidimos volver a la zona del Taj y comer por allí.
A media mañana llegamos al Fuerte de Agra famoso por sus gigantes muros de piedra rojiza. Pagamos la entrada, que tampoco era barata,y entramos por su única puerta de acceso. Tras rechazar la insistente oferta de varios guías, subimos la rampa central y giramos a mano derecha ya que vimos la entrada a uno de los palacios. Cuando llevábamos un rato deambulando, nos dimos cuenta de que estábamos haciendo el recorrido al revés, por lo que retrocedimos para atrás y volvimos a empezar (las indicaciones en Agra no son algo muy común). Pensamos que tardaríamos más en ver todo el fuerte, pero tras poco más de una hora ya lo habíamos visitado en su totalidad. Es un fuerte bastante bien conservado, pero no nos impresionó tanto en comparación con otros de los fuertes que hemos visitado. Lo que si ofrece el fuerte es otra perspectiva del Taj Mahal, que es la única de la cual pudo gozar su creador ya que fue encarcelado en el fuerte.
Cuando terminamos la visita del Taj nos paramos en un bar cercano a desayunar. Al llevar tantas horas despiertos y no haber comido, estábamos famélicos (Júlia sobretodo). Nos pedimos un crepe de chocolate y plátano cada uno y lo acompañamos con un batido de chocolate y un mango lassi. Este desayuno nos vino genial para coger fuerzas e ir andando hasta el Fuerte de Agra (algo que los tuk tuks no terminan de entender, parece que nunca han visto a nadie caminar).
Las puertas del Taj Mahal abren al amanecer a las 6 de la mañana. Dado que nos recomendaron que era la mejor hora para visitarlo, nos levantamos a las 6am y subimos a la azotea de nuestro hotel para ver como el amanecer iluminaba el imponente monumento. Tras tomar un masala chai disfrutando del momento, nos dirigimos a la puerta oeste por donde nos adentramos al recinto del Taj, sin olvidarnos de pagar 1000 rupias por cabeza (el monumento más caro que hemos visitado). Dentro, la primera media hora nos dedicamos a hacer fotos desde todos los ángulos, tanto al monumento como a nosotros, y luego estuvimos paseando y contemplando el enorme mausoleo unas cuantas horas más (había que amortizar el dinero). La verdad es que es una construcción impresionante que impone tanto por su tamaño como por sus pequeños detalles con incrustaciones de piedras preciosas. Además, su mármol blanco y sus jardines delanteros le otorgan al Taj un entorno idílico. Sin duda, el madrugón ha valido la pena.

5 September 2017

En vista de las perspectivas, la vuelta por el bazar fue corta y fuimos a comer pronto a un restaurante cercano. A las 2 en punto nos esperaba fuera del restaurante nuestro "tuk tukero" para acompañarnos durante toda la tarde en nuestra visita a diferentes monumentos. Primer nos dirigimos a la Itmad-ud-Daula, también conocido como el pequeño Taj. Se trata de un mausoleo construido a orillas del río Yamuna rodeado de un jardín persa. El edificio central es de mármol blanco tallado y lo cierto es que es muy bonito. Además, la cúpula en su interior está decorada con grandes frescos. Estuvimos un rato paseando por los jardines, viendo como las parejitas indias coqueteaban en los ricones. El lugar también ofrece una panorámica del río poblado de vacas tomandose un baño. Nuestra siguiente parada fue el Chini Ka Rauza, otro mausoleo. Este se encontraba abandonado, y por tanto, más deteriorado. Aún así, en la parte superior de la fachada todavía se podía apreciar los vivos colores de antaño.
A las 6 de la mañana sonó el despertador y muertos de sueño conseguimos llegar a tiempo a la estación de trenes donde nos esperaba el tren que nos llevaría a Agra. Para cambiar un poco, esta vez viajamos en AC Chair y cuando subimos a nuestro vagón tuvimos la sensación de haber vuelto a Europa. Sin duda, fue la mejor clase en la que viajamos: los asientos eran amplios y cómodos, el vagón estaba limpio, había aire acondicionado y ventanas grandes y luminosas. Además nos dieron una botella de agua a cada uno, desayuno (un té chai con unas galletas maría) y un tentempié (una tortilla, dos rebanadas de pan bimbo, mantequilla y mermelada). Eso si, para no perder la costumbre, Ivan se pasó casi todo el trayecto durmiendo, así que yo me tuve que entretener con mi ebook (suerte de él). Al llegar a Agra fuimos directos al hotel a dejar las cosas y luego nos dirigirnos al Bazar Sadar. Nuestra sorpresa al llegar allí fue ver que prácticamente todo estaba cerrado y que eso de bazar tenía poco.

4 September 2017

Tras un largo día y mucho caminar (17 km de nada), decidimos volver a ir a cenar a un hotel que teníamos al lado del nuestro, ya que en el que estábamos no había restaurante. Como estábamos aún llenos de la comida, decidimos tomar algo más "ligerito": una tortilla con queso y tomate, un pancake de chocolate y plátano y un lassi con frutas. Un buen menú para recuperar las energías perdidas. Cabe decir que para decidirnos donde cenar ha sido un tanto complicado, ya que Júlia es muy indecisa y quería algún sitio que hiciesen lassi (hay que acostumbrarse a la comida local).
Toda la tarde la dedicamos a pasear por los bazares de la ciudad, siguiendo una ruta que indicaba la lonely. Entramos en varias tiendas de telas, donde yo les hice desmontar media tienda mientras Ivan se cachondeaba de mi. La verdad es que en Jaipur los bazares principales están muy orientados al turismo de manera que los precios son más elevados. Como tampoco vimos nada que nos entusiasmara no compramos nada, pero la vueltecilla estuvo bien. A veces llega un punto en el que te cansas de decir que no, ya que todos y cada uno de los vendedores te ofrece visitar su tienda. En un momento dado nos desviamos de la ruta y entramos en el auténtico bazar, donde los locales van a comprar (en esa zona nadie nos insistía para que compráramos). En uno de los puestos un jóven nos paró preguntándonos porque los turistas éramos reacios a hablar con los indios. Al final la historia terminó con nosotros sentados en su tienda, tomándonos un chai y teniendo una agradable conversación.
Después de visitar los puntos de mayor interés de la ciudad vieja fuimos a buscar algún sitio donde comer. Por una escaleras estrechas que subían a las murallas cercanas a la New Gate encontramos un pequeño restaurante que servía comida india. Creo que ha sido el primero que encontramos que únicamente sirve platos indios. Para no perder costumbre pedimos un paneer butter masala, más que por apetecernos porque nos lo recomendó el camarero, y la verdad es que estaba riquísimo. Lo mejor del restaurante es que a través de una cristalera podías ver como cocinaban la comida. No es apto para aprensivos, ya que en la india el tema de higiene es otro mundo, pero si te gusta la comida típica es un gran sitio.
A pesar de que ya era hora de comer, decidimos visitar antes el Jantar Mantar ya que cerraba pronto. Se trata de un observatorio con grandes aparejos para medir la posición del sol y de los astros y calcular distancias. Hacía un calor abrasador de manera que no dudamos ni un segundo en meternos a ver una proyección sobre el lugar en el centro de interpretación de este (con AC). Al ser en inglés y estar cansados (Ivan casi se duerme), no lo pillamos todo, pero sí que nos hicimos una idea de como funcionaban los aparejos. Nos acercamos a ver todos y cada uno de los aparejos y, como guiris, nos hicimos una foto delante del aparejo de nuestros respectivos horóscopos. Lo cierto es que el lugar está muy bien conservado y cuidado.
Nuestra siguiente parada fue la Hawa Mahal, el palacete más antiguo de Jaipur. Es un edificio de piedra rosa de cinco plantas. Menos mal que esta vez también conseguimos el descuento de estudiante porque las vistas a la ciudad están bien, pero no tiene mucha cosa más. Las habitaciones están vacías y sus paredes son lisas, aunque también tiene mil recovecos y pasillos. Lo más bonito del lugar es su fachada principal. Lo gracioso fue ver a Ivan haciendo fotos a la fachada interior y frustarse porque le salían torcidas cuando realmente era la fachada la que estaba torcida.
A primera hora de la mañana pusimos rumbo al Palacio de la Ciudad. Una vez conseguido nuestro descuento de estudiantes, decidimos coger una audioguía para enterarnos más de la historia del lugar. Solo cogimos una, así que me tocó retransmitirle a Ivan todo lo que decía la vocecilla. Nos sentimos un poco tontos porque casi al final nos dimos cuenta de que la audioguía se escuchaba sola sin los cascos y de este modo podíamos escucharla los dos a la vez. Aún así, la audioguía no ofrece información muy relevante, así que no recomendamos cogerla. El palacio es básicamente un museo dividido en dos partes: trajes reales de la época y armería. Luego también puedes acceder al salón de audiencias y a algunos patios, pero los aposentos reales solo los puedes visitar si pagas una entrada más pro, por el módico precio de 2500 rupias (pasamos completamente).

3 September 2017

Cuando terminamos la visita del fuerte y después de estar debatiendo un rato a ver donde íbamos o que hacíamos decidimos quedarnos por Amber un tiempo y dar un paseo por sus calles. Encontramos un pequeño mercado local de verduras por el que paseamos viendo a la gente regatear y a los comerciantes exponer sus mercancías mientras ahuyentaban a los monos y a las vacas que había por los alrededores. Cuando nos cansamos de Amber volvimos a Jaipur y para ello cogimos un autobús público (más económico que un tuk tuk). La verdad es que no teníamos mucha idea de cual era, pero pasó uno por nuestro lado, le preguntamos si iba a Jaipur y nos dijo que si, de manera que nos subimos hahaha. La verdad es que tuvimos suerte porque nos dejó al lado del palacio de Jaipur, por lo que luego pasamos lo que nos quedaba de día callejeando por los bazares.
Al llegar a Amber, el inmenso fuerte color miel nos dió la bienvenida. Tras recuperar fuerzas con la comida, compramos las entradas del palacio en la taquilla. Una vez más, tuvimos que discutir para que nos dieran el descuento de estudiantes (No nos volveremos a dejar el carnet de estudiante nunca más!). El palacio es muy grande con un montón de recovecos por visitar, y como las indicaciones no están muy bien, te pierdes todavía más. Lo que más nos gustó, como siempre, fueron las vistas a toda la ciudad desde la azotea del palacio. Al salir del palacio nos detuvimos a ver el templo hinduista que se encontraba justo al lado. A decir verdad es uno de los templos hindues más bonitos que hemos visto, ya que está hecho de mármol tallado. Desde lo alto del fuerte también pudimos ver el lago en el cual se estaba llevando a cabo una celebración con tambores y cantos incluidos (suponemos era por el cumpleaños de Ganesha).
En la plaza central del fuerte de Amber vimos que había un café, y al ser mediodía, pensamos en parar a tomar algo y así descansar un poco. Para nuestra sorpresa, en la planta baja había un restaurante muy lustroso. Al ver que se trataba de un restaurante que estaba bastante bien, decidimos aprovechar y comer en él. Nos pedimos una masala dosa, unas samosas y algo parecido a unos momos. La verdad es que acertamos y estaba todo muy bueno, acompañado de un montón de salsitas que tanto le gustan a Ivan.
Como no habíamos andado suficiente, decidimos bajar lo que habíamos subido y recorrer otros 4km para llegar a los cenotafios reales de Gaitor. Por el camino nos encontramos con dos carrozas que continuaban celebrando el cumpleaños de Ganesh a todo volumen. Una vez en el lugar, entramos y nos relajamos bajo uno de los impresionantes mausoleos de mármol. Es un sitio en el que puedes apartate del ajetreo de la ciudad. Por una larga escalera que se encuentra a la derecha de la entrada de Gaitor, está el Templo de Ganesh al cual Júlia no quiso subir por que estaba cansadita (habíamos andado ya 8km!). A las puertas del monumento cogimos un tuk tuk para ir al fuerte de Amber que sería nuestro siguiente destino.
Nos levantamos con energía para subir al Fuerte Nahargarh situado a 2 km de la Ciudad Vieja (y a 5km de nuestro hotel). Tras subir la serpenteante cuesta y regatear nuestra entrada para que nos aceptaran como estudiantes, nos adentramos en el fuerte. Primero nos situamos en lo alto de un mirador donde comimos unas galletas para recuperar fuerzas, y luego nos dirigimos a visitar el palacio. En el palacio se podían recorrer todas las habitaciones pero estas se encontraban vacías y en ellas solo se apreciaban los frescos de las paredes y los techos. Un simpático vigilante decidió hacernos una visita guiada y nos condujo por el laberíntico palacio explicándonos que era cada estancia y curiosos detalles de la vida palaciega. Desde la azotea del palacio tuvimos una buena vista de la ciudad en su totalidad. Tras el recorrido, como no, el improvisado guía nos pidió su propina.

2 September 2017

La Ciudad Vieja de Jaipur, a diferencia de las del resto de ciudades, es enorme. Tienes múltiples puertas de entrada y gran cantidad de bazares a lo largo de eternas calles. El concepto de bazar en Jaipur se basa en montones de tiendas situadas bajo unos arcos de piedra rosada (al igual que muchas de sus fachadas) de ahí que a Jaipur se la conozca como la ciudad rosa. Deambulamos por algunos de los bazares en los cuales puedes encontrar mayoritariamente telas y ropa, aunque también puedes dar con esculturas de mármol, papelerias, ferreterias, y muchos puestecillos de tentempiés. Durante la caminata puedes ver la vida cotidiana de las personas: donde se cortan el pelo, incluso hasta donde mean. Finalmente terminamos en un templo desde el cual pudimos tener una pequeña panorámica de la ciudad.
La primera parte de la tarde la pasamos caminando por los jardines de la ciudad, ya que no queríamos aburrir la parte vieja que íbamos a visitar el día siguiente. Recorrimos grandes e infinitas avenidas ya que Jaipur es una ciudad muy grande y las distancias son largas. Tras caminar largo rato, llegamos al parque central, un parque inmenso, pero como otro cualquiera. Al salir de este decidimos dirigirnos a la ciudad vieja, dado que no había gran cosa que ver en el resto de la ciudad. A medio camino de la gran avenida que termina en la ciudad vieja empezó a llover, aunque suerte que solo fue una llovizna tranquila. Aún así, tuvimos que refugiarnos bajo algunos árboles donde aprovechamos para contemplar a los lugareños cocinando chapatis y otros manjares en sus hogueras caseras. Antes de cruzar la entrada a la ciudad vieja, pasamos por el Albert Hall, un edificio majestuoso que alberga el museo central.
Después de andar de la estación de trenes al hotel e instalarnos en nuestra habitación salimos a la búsqueda de un restaurante donde comer. Entramos en uno cercano recomendado por la lonely. Pensábamos que sería más económico, pero resultó ser la comida más cara hasta el momento. Fue nuestro segundo día como carnívoros en la India, y disfrutamos de un pollo al curry (para variar un poco del masala). Ivan lo acompañó con una cerveza ya que quería probar la combinación cerveza-curry.
Nos levantamos pronto para llegar a Ajmer desde donde salía nuestro tren a Jaipur. Esta vez, decidimos ahorrarnos un dinerillo y probar la experiencia del bus público, y la verdad es que no nos salió mal. Después de 30 min llegamos a Ajmer y se suponía que el bus debía dejarnos en la estación de trenes, pero la calle estaba cerrada y nos tuvimos que bajar en la estación de buses. Desde allí cogimos un tuk tuk a la estación de trenes para ganar tiempo y así poder acercarnos a la famosa mezquita antes de coger el tren. Anduvimos con nuestras mochilas por el bazar hasta la mezquita. Tras dejarlo todo en la consigna (un sitio no muy seguro, pero nos arriesgamos) entramos en la zona de la mezquita. Era como un pequeño pueblo con una estructura laberíntica. Cuando encontramos la mezquita en si y fuimos a entrar no pudimos porque Ivan no llevaba la cabeza tapada. Aún así lo que vimos desde fuera no era gran cosa. Lo que nos llamó la atención fue ver como los feligreses rezaban contra el muro.

1 September 2017

Para cenar teníamos intención de ir a un sitio local, pero al pasar frente a él vimos que estaba cerrado. Por eso decidimos volver al Sunset café a cenar algo, ya que habíamos visto la carta y era muy amplia. Nos pedimos una samosa china, unas pakoras de berenjena y una musaka especial (Ivan pensaba que era otra cosa y por eso lo pidió). En general estuvo todo bastante bueno, aunque nada fue lo que nos esperábamos: la samosa estaba rellena de espaguettis (noodles según ellos) y la musaka no podías identificar que era lo que estabas comiendo aunque no estaba mala. Eso suele pasar cuando no tienes mucha idea de que pedir. La verdad es que el sitio y la tranquilidad lo compensaron todo.
Ya sin la moto nos dirigimos al Sunset, un bar cercano que tiene una terraza estupenda que ofrece una buena perspectiva del lago. Estuvimos un rato descansando y disfrutando de un masala chai y un lassi de chocolate. Aprovechamos para ver la "puesta de sol" (para variar, estaba nublado) y luego caminamos por el bazar rumbo al hotel. Por el camino nos paramos en varias tiendas y Júlia se compró una tela de un elefante.
Mirando el maps vimos que la mezquita principal de Ajmer se encontraba cerca de las afueras y decidimos acercarnos a ella. Condujimos por una carretera no transitada de montaña con vistas a la ciudad y cuando quedaba poco para llegar a la mezquita la cosa empezó a cambiar: las calles se hicieron más estrechas, más llenas de gente y de tiendas y nos vimos metidos de lleno en el bazar de la ciudad. Para Ivan que conducía fue un poco más estresante, pero yo me lo pasé en grande. Los transeúntes, en su mayoría musulmanes, nos miraban incrédulos y algunos incluso se atrevieron a decirme que me querían besar. Pasamos justo enfrente de la mezquita, pero debido a la cantidad de gente que había y a que no encontramos un sitio fiable para dejar la moto decidimos coger la carretera de vuelta a Pushkar. Como aún era temprano y teníamos algo de gasolina, fuimos a otro Templo de Shiva situado a 2km de Pushkar. En él encontramos a un hombre que lanzaba plátanos a los famélicos y juguetones monos.
Continuamos nuestra excursión rumbo al lago Foy Sagar (que habíamos visto en google maps). Resulta que el lago se encontraba pegado a la carretera y no había un lugar donde pararse, pero un poco más adelante encontramos un parque natural en el que pudimos relajarnos. Sentados bajo la sombra nos comimos nuestros falafels (el de Júlia con bicho incluido) y descansamos con vistas al lago. Tras la comida, reemprendimos nuestro viaje de vuelta a Pushkar. Como había la misma distancia por un sitio que por el otro, decidimos ir por el lado de Ajmer y divisar la ciudad de lejos.
Como ya no nos quedaba nada más por ver en Pushkar, nos arriesgamos (teniendo en cuenta la conducción en la India) a alquilar una moto para recorrer sus alrededores. Subidos en nuestra motocicleta con nuestros cascos nos dirigimos a los Templos de Shiva, situados a 8km de Pushkar. La ruta que seguimos era muy tranquila, con poco tránsito y discurría entre las montañas, de manera que disfrutamos del paseo (a pesar de tener que ir esquivando baches, cabras y aldeanos). Primero visitamos el Templo de Ganesh (el más alejado de los tres) en el cual el baba nos invitó a sentarnos, nos dió conversación, y encima nos deleitó con unos dulces típicos indios. Nos gustó mucho la experiencia. A continuación llegamos al Templo de Shiva al lado del cual hay un pequeño estanque. Finalmente nos acercamos hasta el Templo de Aloo Baba que tenía curiosas pinturas en la pared. Hay que decir que en cuanto a templos los tres son poca cosa, pero el paisaje es bonito y la excursión fue muy divertida.

31 August 2017

Según el hinduismo, todos los creyentes deben peregrinar al menos una vez en su vida a Pushkar. Sentarse en uno de los ghats (escaleras que bajan a aguas sagradas) y contemplar a los lugareños bañarse en las aguas del lago es todo un espectáculo. Por eso nosotros no perdimos la oportunidad y estuvimos sentados allí durante largo rato viendo como se desvestían, hacían varias inmersiones en las aguas y luego se secaban y se volvían a vestir con una gran destreza. Al anochecer volvimos a acercarnos a los ghats y pudimos ser testigos de una ceremonia de puja oficiada por un Braman, en la cual son protagonistas el fuego, el agua y los pétalos de flores junto con cánticos, sonido de campanas y olor a incienso.
Con nuestros estómagos llenos, seguimos callejeamos un rato más hasta que decidimos sentarnos en uno de los ghats a contemplar a los hindúes en sus rituales. Cuando las horas de más calor hubieron pasado, iniciamos nuestro camino hacia el Savitri Temple, un templo situado en la cima de una colina en un lateral de Púshkar. Nuestra intención era subir con el teleférico ya que andando era 1h de camino cuesta arriba, pero nuestros planes se desviaron al encontrar el cable car cerrado. De esta manera, no nos quedó más remedio que subir andando los millones y millones de escalones hasta la cima. Durante el largo trayecto tuvimos tiempo de enzarzarnos en una conversación filosófica. El templo hindú es uno más, pero las vistas merecieron la pena ya que se puede observar toda la ciudad y sus alrededores. Una vez más, estaba nublado y no pudimos contemplar la puesta de sol, aunque si la pudimos intuir. La bajada se nos hizo mucho más llevadera y en un abrir y cerrar de ojos ya estábamos abajo
Cuando el hambre empezó a apretar decidimos pasarnos por el Out of blue. Nos pedimos unos momos fritos de verduras para picar y después un fatut (cachitos de pan con queso y aceitunas) y un malawach (un pan relleno de queso y setas). En si son dos platos similares que los puedes condimentar con lo que quieras. La verdad es que todo estubo bastante bueno, y de vez en cuando va bien comer algo sin salsas. Mientras comes puedes gozar de la lista de últimos éxitos internacionales de spottify.
Pushkar es una ciudad muy tranquila, sin tuk tuks, con muchos turistas y sin grandes monumentos que visitar. La vida aquí gira alrededor del lago en el cual se encuentran los 52 ghats donde los peregrinos acuden a bañarse y hacer pujas (ofrendas). El otro principal atractivo de la ciudad es su enorme bazar en el cual puedes encontrar sobretodo ropa y telas. Lo que si que no falta en la pequeña localidad son templos, aunque solo destaca el Templo Brahma, uno de los pocos en India dedicados al dios Brahma. De esta manera, fuimos a primera hora a visitar el Templo de Brahma (ya que cierra a las 12) y luego nos dedicamos a pasear tranquilamente por el bazar viendo a nuestro paso algunos de los templos. Muchos de los templos se encuentran en reformas, como el Varaha, el más antiguo de la ciudad. Hacia las afueras de la ciudad encontramos el Gurudwara Sahib, un templo Sij de esos que tanto nos gustan, y no dudamos en cubrirnos la cabeza para entrar en él.

30 August 2017

Cuando el tuk tuk nos dejó en la calle principal de Pushkar, donde está el mercado, nos dijo que nuestro hotel estaba a "dos minutos" caminando, que solo teníamos que seguir recto y girar a la izquierda. Al final terminamos a las 9 de la noche a orillas del lago el cual bordeamos por el lado más largo, ya que no teníamos muy claro donde estaba nuestro hotel. A medio camino un lugareño nos llamó la atención porque estabamos caminando por los ghats sagrados con zapatos y nosotros sin saber donde diablos estábamos; fue algo que no se nos olvidó y no volvimos a entrar al lago con ellos puestos. A la mañana siguiente nos dimos cuenta de la vuelta que dimos y que si hubiesemos seguido por la calle principal, que ahora conocemos a la perfección, hubiesemos llegado mucho antes a nuestro hotel (gajes del viajero). El hotel está muy bien, tanto por precio como ubicación. Es limpio y los dueños son simpatiquísimos, la única pega es que hay muchas hormigas y muchos bichos.
Después de dejar nuestra habitación del hotel Shri Ganesh, (que no estaba mal, si quitamos la humedad que había, pero eso era más problema de la zona, que del propio hotel), nos dirigimos a la estación de autobuses de vuelta a Udaipur. Esta vez fuimos mas cómodos, ya que el autobús iba medio vacío. Tras llegar a Udaipur fuimos a comer, intentamos encontrar algún restaurante con wiffi, pero no fue posible. Después de comer fuimos a la estación de tren sin tener muy claro donde nos teníamos que bajar, que haríamos cuando llegásemos y en que hotel acabaríamos durmiendo, por no saber no sabíamos ni si dormiríamos en Ajmer o en Pushkar. Ya en el tren, al menos acertamos el tren y las camas, nos relajamos un poco a la espera de llegar a nuestra parada, si acabamos descubriendo cual es antes de pasarla.

29 August 2017

El dueño del hotel nos informó de que esa misma tarde a las 18 se iba a celebrar el fin de fiesta del cumpleaños de Ganesh e iban a tirar las estatuas al lago. Por ese motivo sobre las 17 de la tarde llegamos a la orilla de este. No sabíamos muy bien en que consistía la ceremonia ni donde se iba a realizar. Mientras esperábamos empezó a diluviar, tanto que tuvimos que estrenar nuestros chubasqueros. Al ver que la lluvia no cesaba y que no había indicios de ninguna ceremonia, decidimos volver al hotel a secarnos. Habíamos recorrido solo una calle cuando nos encontramos con una cabalgata. Encabezada por un grupo de hombres con trajes naranjas, seguida por un par más de ellos montados en caballos y continuada por un sinfín de carrozas con estatuas de Ganesha y música, la cabalgata no tenía desperdicio. Al son de la música todos bailaban como locos. La rua avanzó hasta la orilla opuesta del lago y nosotros nos quedamos allí para observar como lanzaban al agua todas las estatuas.
Una vez fuera de la reserva, anduvimos 15 minutos para llegar a los Templos Delwara, los segundos templos más emblemáticos del jainismo. La entrada a los templos es gratuita, pero tienes que dejar todas tus pertenencias (incluidos móviles y cámaras) en una consigna situada en la entrada. El acceso a los templos se realiza en grupos dirigidos por un guía que va dando información de cada templo, lástima que sea en indi y que vayan a una velocidad pasmosa. Por eso nosotros decidimos apartarnos del grupo e ir a nuestra bola. A pesar de estar un poco lejos del centro del pueblo, son unos templos que vale la pena visitar, sobretodo por sus maravillosos techos perfectamente tallados. Terminada la visita, de camino al pueblo nos paramos a ver el Templo de Adi Devi al cual se llega a través de unas infinitas escaleras. Es un templo curioso, en el cual tampoco se pueden hacer fotos, pero que goza de buenas vistas.
Tras contemplar el lago desde las alturas, decidimos alargar nuestra ruta. Habíamos visto un cartel que anunciaba que a 2km se encontraba otro lago, y un poco antes, el valle de la muerte. Más adelante vimos un camino (no asfaltado) que se adentraba en el bosque y supusimos que era el que conducía al otro lago, de manera que lo seguimos para ver donde nos llevba. Durante el recorrido fuimos encontrado algún riachuelo, algún laguito y algún animalito (mini ranas, vacas o pájaros), pero ningún oso. Hubo algunos momentos en que la niebla se hizo más densa de lo que lo había sido anteriormente, y nos preocupamos un poco por si nos impedía ver el camino, aunque nunca llegó a tanto. Aún así, nos impidió ver algunas vistas desde lo alto de la montaña. Conseguimos llegar al otro lago sin perdernos, pero al ver que no lo podíamos rodear y que empezaba a llover decidimos volver por donde habíamos venido. Antes de salir de la reserva, nos paramos en el primer lago a comer nuestros sandwiches.
Al estar rodeados de tanta montaña nos apetecía hacer un poco de trekking, y el día anterior estuvimos debatiendo si debíamos ir con guía o no. Finalmente, teniendo en cuenta el precio y lo que podíamos ver decidimos hacerlo por nuestra cuenta. Así salimos prontito del hotel rumbo a Trevor's Tank, la reserva natural de Mont Abu. Tras un paseo de 1h llegamos a la entrada de la reserva donde nos inscribimos y pagamos nuestra cuota (300 rupias por persona). La verdad es que en la entrada no nos dieron mucha información sobre el recinto, solo nos dijeron que a 2km se encontraba el lago, de manera que nos adentramos en la reserva rumbo a lo desconocido. Nos habían contado que en el interior de la reserva había osos negros, de manera que nos apoderamos de unos palos, por si acaso. Empezamos nuestra ruta por un camino "asfaltado" que discurría entre el denso bosque, y efectivamente, tras varios km llegamos al lago. En el habitan algunos cocodrilos, aunque nosotros solo vimos uno de lejos.

28 August 2017

Un poco más allá del Templo Ganesh dimos con al Honeymoon point. Este mirador también ofrece grandes vistas, aunque no mejores que las que tuvimos desde las rocas. Lo mejor de esta parada es que pudimos observar a los monos muy de cerca, ya que correteaban arriba y abajo por el mirador. Ya empapados de naturaleza y aire fresco, cogimos un camino que nos llevó de vuelta al lago. Una vez aquí terminamos de bordearlo para llegar de nuevo al pueblo, ya que parecia que iba a caer una tormenta. Efectivamente, no tuvimos mucho tiempo para callejear ya que empezó a llover y regresamos al hotel a beber una taza de té caliente y un lassi.
Con un poco menos de hambre, nos aventuramos a conocer un poco más la zona. Primero nos acercamos al lago Nakki, el centro neurálgico de la vida en Mont Abu. Es un lago bastante grande en el cual, como no, también se pueden dar paseos en barco. Continuamos nuestra ruta por un camino que pasaba por delante de la Brahma Kumaris University, una organización mundial, cuyos miembros visten de blanco, con sede en Mont Abu. Tras esto nos adentramos en un sendero que discurria por enmedio del monte. Fuimos los únicos humanos durante todo el trayecto y pudimos disfrutar de una gran paz enmedio del denso bosque. Además, encontramos unas rocas desde las cuales pudimos contemplar la inmensa llanura que se encontraba ante nosotros. Al final del sendero nos encontramos con el Templo Ganesh, otro más de los muchos templos hindues de la India. Al llegar al hotel y explicarles nuestra ruta nos digeron que no volviéramos a ir por esos caminos porque no eran seguros; tarde, a nosotros nos encantaron.
Para romper un poco con la rutina de los platos de Rajastán, optamos por ir a probar un restaurante de la India Meridional. Nuevamente, nos sucedió como al principio: no teníamos ni idea de que pedir. Tras un intento de explicarnos los platos por parte del propietario, nos decantamos por una dosa cheese veg y una dosa rava. A la vez, nos trajeron un montón de salsas raras que no entendimos de que eran. La verdad es que no sabíamos muy bien como se comia ese plato, así que nos lo comimos a nuestra manera echando salsas por encima.
Salimos del hotel temprano y cogimos un tuk tuk dirección a la estación de autobuses. Estuvimos esperando un rato hasta que este llegó, tarde como siempre, pero es algo en lo que ya contamos. Como la última vez, nos ofrecieron poner nuestras mochilas en el maletero, pero nos sentimos más seguros teniendolas controladas ya que los maleteros se abren en cada parada, y además estan llenos de grasa. Una vez dentro, con nuestras mochilas en los pies y poco espacio para estirar las piernas (Júlia fue sentada a lo indio todo el camino) esperamos a que saliese. Lo gracioso fue cuando se sentó a mi lado un armario de 2 metros con 3 espaldas, lo que hizo que mi espacio vital se redujese muchísimo. A pesar de estas incomodidades llegamos sanos y salvo a Monte Abu a la hora esperada.

27 August 2017

Después de tres días, llegó nuestra última noche en el Nukkad Guest House. A mi en particular me gustó bastante, tanto el hotel como su comida, a Júlia en cambio no le convenció tanto. Es un hotel económico, con buenas vistas al lago y los dueños te ayudan en lo que necesites. Desyunamos aquí dos días, y la verdad es que tienen una oferta bastante occidental de desayunos, de manera que es fácil decidirse. Para despedirnos como tocaba, el último día cenamos en el hotel. Como estábamos cansados de tanta salsa y queríamos algo más ligerito, nos decantamos por una tortilla masala, unas pakora de verduras y unas pakora de banana (que Ivan no se podía ir sin probar).
De camino a Ranakpur paramos a comer en un restaurante al que nos llevó el guía, que nos pareció un poco caro y no gran cosa, así que no lo recomendamos. Tras esto, proseguimos nuestro camino hasta llegar al inmenso Templo jainista de Ranakpur. Es uno de los dos más antiguos de la India y su simetria perfecta impresiona. La entrada incluye una audioguía que te da muchísima información y te ayuda a entender más esta peculiar religión. El templo de Ranakpur es la atracción principal de esta zona, pero también puedes pasear por la selva de sus alrededores y visitar dos pequeños templos cercanos al principal. La experiencia del día en conjunto nos gustó mucho porque además pudimos aprender una gran cantidad de cosas sobre la India preguntándole a nuestro guía que resultó ser bastante simpático.
Para probar una experiencia diferente, decidimos alquilar un coche con conductor para ir a visitar las emblemáticas Kumbalgarh y Ranakpur. Partimos a las 8 de la mañana rumbo Kumbalgarh, uno de los mayores fuertes de la India. El trayecto en coche ya nos impresionó porque pudimos ver las típicas aldeas indias y gozar de un paisaje completamente verde con abundantes lagos. Al llegar al fuerte entendimos porque todo el mundo acude a visitarlo, es impresionante. Dentro del recinto hay varios templos y un castillo que te permite elevarte para poder tener mejores vistas. La pena es que estaba nublado y desde la parte más alta del castillo solo se veían las nubes. Aún así, a la mitad de la subida el cielo estaba más despejado y pudimos contemplar el espectacular paisaje. Dentro del castillo del fuerte puedes adentrarte en casi todos los recovecos que encuentres, ya que no hay nada expuesto. Además tuvimos la ocasión de volver a ver monos y de contemplar un ritual dedicado al dios Ganesha.

26 August 2017

Después de que amainase la gran tormenta de la cual huimos hasta el hotel, decidimos ir a cenar a un restaurante cercano. Solo teníamos que cruzar un pequeño puente peatonal y ya estábamos ahí. El restaurante Millets of Mewar es especialista en platos vegetarianos, algo típico en la india pero la verdad es que lo que cenamos estaba muy bueno. Si a eso le sumas las vistas del lago y del palacio la cena es aun más agradable. Cabe destacar su elaborada carta en cuanto a decoración y explicaciones. Además, al terminar la cena tuvimos una simpática velada hablando con dos jóvenes indios que trabajaban en el restaurante.
Aunque finalmente cogimos un tuk tuk, llegámos empapados al Lotus Cafe por culpa del calabobos (como lo llama Ivan). Aprovechámos para secarnos un poco, y una vez hubimos recuperado fuerzas con nuestro primer plato carnívoro en la India nos dirigimos a la Bagore-ki-Haveli. Se trata de una haveli, como todas las que hemos visitado, pero esta particularmente no tiene nada de especial (más que una colección de extrañas marionetas). Aún así, nos sirvió para resguardarnos de la incesante lluvia y pasar el rato con las anécdotas sobre la boda india a la que acudió Patrick. Finalizada la visita acudimos al cercano Templo Jagdish, el mayor templo hindú de Udaipur. Nada más entrar, un hombrecillo acudió a explicarnos algunas cosas del templo, pero como no, quería algo a cambio y nos llevó a ver su exposición de pintura situada en un lateral del templo. Como expertos turistas, no le compramos nada, pero fue interesante porque aprendimos de donde salen los colores que usan en sus dibujos.
El siguiente punto de nuestra ruta fue el Templo de Mata, el cual se halla en lo alto de una colina desde la cual se puede ver todo el paisaje. Existe un teleférico para subir a dicha colina, pero nosotros somos más aventureros y decidimos subir andando la empinada montaña. Por el camino conocimos a una pareja india que también estaba de viaje por la zona, y como no, nos hicimos fotos con ellos. Cuando ya llegábamos a la cima dimos con Patrick, un viajero solitario suizo que se uniría a nosotros hasta por la tarde. Al llegar a la cima nos encontramos con que el templo estaba en obras, pero aún así mereció la pena subir hasta allí porque las vistas eran inigualables. Cuando ya estábamos a punto de bajar las nubes negras que rondában sobre nuestras cabezas acabaron por estallar y entonces sí que vimos de verdad lo que era una tormenta. Esperamos bajo un tejado a que aflojara un poco y cuando nos pareció que llovia menos continuamos nuestro camino en busca de algún sitio donde comer algo.
Por el módico precio de 30 rupias pudimos acceder al complejo del palacio, que es un paseo que bordea el lago y ofrece buenas vistas. Enmedio del lago hay dos islas, aunque solo se puede acceder a una de ellas ya que la otra es un hotel. Se ofrecen paseos en barco para ir hasta la isla, aunque a nosotros no nos llamó mucho la atención y la vimos desde tierra (porque a Ivan le daba vergüenza ponerse el chaleco naranja). Tuvimos tiempo de hacer un par de fotos antes de que empezara a caer un chaparrón. A pesar de ello continuamos nuestro paseo por el lago. Deambuleamos sin rumbo hasta que nos encontramos con otro pequeño lago. Situado en una esquina del laguito encontramos un templo repleto de algo que todavía no habíamos visto en la India, monos! Obviamente no pudimos evitar pararnos y hacerles un book fotográfico.
Tras un buen desayuno en el hotel, nos dirigimos al Palacio de la Ciudad. Nada más llegar a la taquilla, un simpático hombrecillo nos informó que si éramos estudiantes y no teníamos el carnet, podíamos acudir al manager y explicarle nuestra situación y el nos haría un papel confirmando que éramos estudiantes. Así lo hicimos y nos ahorramos 400 rupias en las entradas. Por este precio la visita no está mal ya que desde el palacio se puede disfrutar de unas vistas geniales de la ciudad y el lago. Por otra parte, el interior del palacio no tiene mucho que ofrecer comparado con otros palacios de la zona, aún así contiene diversas colecciones que le aportan calidad: palanquines, plata, esculturas, instrumentos...

25 August 2017

Debido a que desde Jodhpur a Udaipur no hay conexión de trenes, nos vimos obligados a coger un autobús. Nos decantamos por una empresa privada, Mahadev, y nada más salir de la estación de trenes de Jodhpur acudimos a la oficina a reservar nuestras plazas para un trayecto de 7 horas. Aunque no estabamos muy confiados con este medio de transporte, nos ha gustado esta nueva experiencia ya que el bus te permite observar mucho más el paisaje. Además nos hemos encontrado con un paisaje diferente a lo que estábamos acostumbrados a ver en la India. Hemos visto parajes naturales muy verdes con grandes montañas y canteras de mámol, además de cruzar una gran cantidad de curiosos pueblecitos. Los asientos son cómodos y el espacio es ancho, de manera que ha sido mucho menos incómodo de lo que nos esperábamos.
El mismo tuk tuk que nos estuvo esperando en el Palacio Umaid Bhawan, fue el que nos condujo al famoso barrio de Brahmpuri. Este barrio se caracteriza por sus numerosas casas pintadas de color azul cielo, tanto por fuera como por dentro. Antiguamente solo los Brahamanes podían pintar su casa de color azul, pero actualmente ya todo el mundo puede hacerlo. El hecho de que elijan el color azul se debe a que aleja a los mosquitos y hace que las viviendas sean más frescas en los meses calurosos. Paseando por el entramado de calles hemos dado con un colegio de niños que han salido a hablar con nosotros y hacerse el tradicional selfie. En la parte de arriba del barrio se encuentra un hermoso lago (el más limpio que hemos visto hasta ahora), en el cual hemos estado charlando con un joven que estaba preparando sus "oposiciones" para trabajar para el gobierno Indio.
A unos cuantos kilometros de la Ciudad Vieja se encuentra el Palacio de Umaid Bhawan. Se tiene que ir en tuk tuk y sale algo cara la visita. Este imponente edificio se encuentra dividido en tres partes: la residencia del Maharajá, el hotel y el museo. La única parte abierta al público es el museo, en el cual puedes ver expuestas fotografias y antigüedades (tinteros, curiosos relojes, juegos de copas...) de la familia del Maharajá actual. El Maharajá es el dueño y responsable del mantenimiento del fuerte y parece estar muy implicado en las causas sociales y de conservación. En el palacio en si no hay mucho que ver, así que en 1 horita te lo has recorrido todo, pero puede ser una parada interesante en tu viaje.

24 August 2017

Una vez recuperados optamos por acercarnos a la famosa torre del reloj, la cual se encuentra en el centro del Mercado de Sardar. Este es un animado y colorido mercado en el cual puedes encontrar, desde verduras y especias hasta telas y ropa. Dedicamos toda la tarde a recorrer las intrincadas calles de la ciudad, observando sus comercios locales y disfrutando de los aromas de las especias. Durante nuestro recorrido entramos en algunas de las tiendas más peculiares y también visitamos algun que otro templo. Algo que nos sigue llamando la atención es la gran cantidas de basura que hay enmedio de las calles, incluso al lado de los puestos de comida.
Para relajarnos de tanto ajetreo decidimos ir a comer a Jhankar choti haveli, un pequeño restaurante que anteriormente era una casa de la zona. El restaurante tiene un jardincito en el que puedes comer deliciosos platos indios y chinos, lo cual le vino muy bien a Júlia ya que quería descansar de las salsas y el pan indio y pudo comer unos Thai noodles. Yo que ya estoy acostumbrado a la comida local me pedí un panner tika masala. Además, también pudimos probar el lassi de mango, que tantas ganas tenía de probar. Después de comer estuvimos un rato sentados descansando la comida (y yo teniendo un microsueño) para que pasasen las peores horas del sol del día.
Desde el fuerte se puede contemplar el imponente Jaswant Thada, un edificio blanco construido en honor al Maharajá. Llegamos a él caminando por una sinuosa carretera desde el fuerte. Vale la pena ir a visitarlo ya que queda cerca del fuerte. El exterior del edificio y sus jardines son bonitos, aunque en su interior no hay mucho que ver. Lo que nos llamó la atención fue ver, en el interior del edificio, una cuerda de lado a lado de la que colgaban muchísimas pulseras rojas, aunque no entendimos el significado. Al igual que el fuerte, este monumento también ofrece unas fantásticas vistas de la ciudad.
Cuando describen el Fuerte de Meranghar como el más impresionante de la India, no se equivocan. Este impresionante fuerte que domina la ciudad desde las alturas, con sus murallas de 36m de altura, nos dejó boquiabiertos. Lo malo que tiene es que para poder entrar tienes que pagar 600 rupias por persona (aunque a nosotros nos hicieron un descuentillo y solo pagamos 500 por persona). La parte positiva es que la entrada incluye una audioguía en español que te aporta mucha información. De todos los monumentos que hemos visto hasta ahora, el palacio del fuerte es el edificio mejor conservado con diferencia. Como es habitual, dentro del museo nos volvieron a acosar pidiendo selfies, aunque esta vez Ivan se apartó y me dejó sola ante el peligro. Tras visitar el museo recorrimos el resto del fuerte y visitamos los templos exteriores. Además, al encontrarse tan elevado, el fuerte ofrece una vista panorámica de toda la ciudad, incluido el barrio Brahmpuri con sus características casitas azules.
Se puede ver que este no es el típico billete de tren que hemos ido subiendo, es diferente porque lo tuvimos que coger desde el hotel, los cuales nos ayudaron mucho la verdad. El motivo por el cual tuvimos que comprar el billete desde el hotel es que al coger el tren dirección Jodphur no pensamos que las 00:45 del 23 era la primera hora del día, sino que pensábamos que saldríamos el día 23 por la noche. Por lo que cuando nos dimos cuenta, dejamos pasar el tren y compramos un billete nuevo. Nos sentimos muy tontos, pero ya finalmente en el tren que tocaba vimos a una pareja de extranjeros que les pasó lo mismo, aunque ellos no se dieron cuenta hasta que no pasó el revisor. Por suerte nosotros nos dimos cuenta con tiempo para poder remediarlo.

23 August 2017

El Hotel Renuka es donde pasamos la noche en Jaisalmer. Es un hotelito con encanto con habitaciones confortables y limpias. Nos salió barato, ya que nuestra habitación no tenia aire acondicionado, pero tampoco pasamos mucho calor (eso yo, Júlia pasó más). Como en otros hoteles hicimos nuestra colada y descansamos todo lo que pudimos para recuperar las fuerzas gastadas. Antes de irnos con el tren pudimos estar en la terraza del hotel contemplando una bonitas vistas del fuerte y cenando una rica comida, acompañados de otros turistas que contaban sus hazañas. Suerte que pudimos estar en el hotel porque de 20 a 23 no paró de llover. Cuando amainó un poco, cogimos un tuk tuk y fuimos a la estación a esperar nuestro tren.
Entramos al fuerte de Jaisalmer por la puerta Gopa Chowk, la única entrada a la ciudad amurallada y en la cual desembocan las tres calles principales del fuerte. Sus animadas callejuelas se encuentran repletas de tiendas y restaurantes con azoteas desde las que se puede disfrutar de unas increíbles vistas. En una se las tiendecillas, regentada por un pintor con letras mayúsculas, Ivan se enamoró a primera vista de un lienzo. Como es un poco indeciso, tuvimos que ir dos veces a la tienda, pero finalmente salió todo satisfecho con su obra de arte (en parte gracias a mí que le di el empujón). Antes de la puesta de sol, decidimos subir a una de las azoteas a tomar algo. El propietario, un jóven muy amable, nos recomendó probar el lassi, una bebida hecha a base de yogurt. Yo pedí uno de chocolate y banana y lo cierto es que no me defraudó en absoluto. Mientras Ivan se contentó con una gran cerveza bien fría.
Después de haber comido decidimos visitar el palacio del fuerte, de este modo podríamos evitar los calurosos rayos de sol que golpean al mediodía. La visita es un poco cara, cuesta 500 rupias por persona, pero creemos que vale la pena porque incluye una audioguía gratuita que te explica todos los acontecimientos tanto del palacio como de la ciudad de Jaisalmer (disponible en español). Además puedes disfrutar de unas maravillosas vistas panorámicas en la azotea del palacio. Por cierto, si tenéis miedo a los murciélagos no os lo aconsejo, los encuentras en todos los pasillos del palacio. La mala conservación de muchos de estos monumentos es la tónica habitual en la india.
Aprovechando que estábamos en el fuerte decidimos comer en él y así no perder tanto tiempo. Encontramos un pequeño restaurante tibetano en uno de los extremos del fuerte que tenía unas vistas increibles desde su privilegiada azotea, en la cual podías degustar sus platos. Probamos unos momos que son como unas empanadillas al vapor, similar a la giozas, y un bol de fideos con caldo. En general estuvo todo bastante bueno, aunque tardaron un poco en traernos la comida, así que si vas con prisa plantéate otro restaurante.
Gran parte de la población de Jaisalmer es jainista, de ahí que en esta ciudad se encuentren siete masavillosos templos jainistas. Los templos se encuentran agrupados de manera que es fácil acceder de uno a otro, aunque dos de ellos se encuentran un poco más arriba de la calle. Al ser tan similares los templos nosotros nos perdimos un poco y al final ya no sabíamos cuantos habíamos visitado y cuantos nos quedaban por ver. En lo que a la estructura respecta, se caracterizan por tener un pilar central de cuatro lados decorado con múltiples figuras talladas sin dejar un trozo de piedra liso. En los laterales del templo se pueden observar estatuas de diferentes profetas, ya que los jainistas no creen en un Dios. Más bien creen en el karma: toda acción tiene una reacción. Además, tienen prohibido hacer daño a los animales, por lo que son veganos y tampoco puede comer tubérculos, ni nada que crezca bajo tierra.

22 August 2017

Tras visitar las havelis estuvimos callejeando por la ciudad, viendo las tiendas locales y sus lugareños. Lo que más sorprende de Jaisalmer és su peculiar arquitectura basada en la piedra arenisca obtenida del vecino desierto. El hecho de construir sus edificios con este material hace que toda la ciudad adquiera un tono dorado, de ahí que también se la conozca como "la ciudad dorada". Siguiendo nuestro paseo nos encontramos un mercado en el que vendian verduras y podias ver sus auténticas costumbres. Además, las vacas se acumulaban alrededor bloqueando las calles y tratando de comer algo del mercado. Tras esto nos dirijimos al lago artificial de Godsisar, un lugar precioso para relajarte tras un largo día por la ciudad. Puedes sentarte en el borde del lago y observar las edificaciones construidas en el interior de este mientras se pone el sol.
Uno de los atractivos de Jaisalmer son sus preciosas havelis. La palabra haveli significa mansión cercada separada del barullo de la ciudad. En la ciudad existen numerosas havelis, pero las más bonitas y bien conservadas son solo tres. Empezamos por la Nathmal-ki-haveli, la cual posee una fachada espectacular. Al ser una vivienda privada no pudimos visitar el interior, una pena. La siguiente haveli que visitamos fue la Patwa-ki-haveli que también posee una fachada increible y en su interior contiene un museo con objectos de su época álgida. Al ser una haveli muy grande, está dividida en 5 partes y en algunas de ellas te cobran menos por entrar pero su interior está vacio. La Salim Singh-ki-haveli fué la última de las tres que visitamos y aunque era en la que habíamos depositado menos expectativas, nos gustó bastante, ya que el dueño te acompaña durante la visita por toda la vivienda explicandote cosas curiosas del modo de construcción y de las costumbres de antaño.
Nos despertamos a las 6 de la mañana con el sonido de los cuervos revoloteando a nuestro alrededor. Mientras nos desperezábamos pudimos ver como salía el sol tumbados en nuestras camas. Después de tomar algunas fotos, Malu nos trajó el desayuno a la cama y una vez terminamos, recogimos nuestras cosas y nos pusimos en marcha de nuevo. Esta vez Malu no ató los camellos uno detrás del otro, de manera que nos convertimos en domadores de camellos. A mi se me dió bastante bien, pero a Ivan no tanto, ya que su camello no dejaba de pararse a comer y el no lo podía evitar. (Me dieron el camello más revelde de todos, no seguia las normas establecidas en su sociedad camellistica). Una vez dejámos nuestros camellos, el mahindra nos recogió para llevarnos de nuevo a Jaisalmer.

21 August 2017

Una vez en las dunas del Sam, tras haber desensillado los camellos y atado sus patas delanteras (para que no pudiesen ir muy lejos, pero si comer a nuestro alrededor) Malu se dispusó a cocinar la cena mientras nosotros contemplábamos el maravilloso paisaje. Después de cenar y haber visto la "puesta de sol" (estaba bastante nublado), Malu fue en busca de los camellos mientras nosotros vigilábamos que ningún animalillo se comiera la comida de Malu. Nos llevamos un pequeño susto ya que pensábamos que nuestro guía estaría de vuelta en tan solo 10 minutos, pero no volvió hasta al cabo de 1 hora cuando ya era completamente de noche. Una vez ya en la cama (en medio del desierto durmiendo al raso) empezamos a charlar con Malu y terminamos cantando canciones típicas de nuestros respectivos paises. Como el cielo estaba nublado creíamos que no podríamos ver las estrellas, pero por suerte, ya entrada la noche, el cielo se despejó dejándonos contemplar el cielo en todo su esplendor.
Nuestra gran aventura llegó el día del safari con camellos en las dunas del Sam. Nos hacia mucha ilusión y la experiencia no defraudó nuestras expectativas. Partimos a las 6:30 de Jaisalmer con un mahindra para encontrarnos en el meeting point con los camellos y los camelleros. Nos prepararon un té chai acompañado con unas galletitas. Con los estómagos llenos nos montamos en nuestros respectivos camellos para realizar dos horas de trayecto. A decir verdad, montar en un camello es algo un tanto incómodo (tuvimos agujetas en las ingles), pero cuando te acostumbras la cosa cambia. A las 10 de la mañana nos paramos bajo una sombra para pasar allí las horas más calurosas del día. Es curioso que el desierto del Sam no es como el resto de desiertos ya que posee una abundante flora y escasa arena, excepto en determinadas zonas. Tras una copiosa comida hecha por nuestro guía, Malu, y una buena siesta, continuamos nuestro viaje en camello durante 2 horas más hasta las dunas de arena.

20 August 2017

Nuestra primera experiencia en la clase 3 AC fue en el trayecto de Bikaner a Jaisalmer. La verdad es que la clase 3 AC tiene poco que ver con la Sleeper: en primer lugar, por la escasez de ruidos y de malos olores ya que las ventanas en esta clase están cerradas, y en segundo lugar, porque la gente que viaja en esta clase lo hace con la intención de dormir, la cual cosa ayuda a conciliar el sueño. En cambio en la Sleeper class cada uno hace lo que quiere y la luz tiende a estar más tiempo encendida que apagada. Por este motivo, vale la pena la diferencia de precio, sobre todo si tu intención es dormir.
A la hora de decidir hotel nos decantamos por el Hotel Jaswant Bhawan ya que llegábamos a Bikaner con el tren a noche cerrada y este hotel se encontraba a tan solo 2 minutos de la estación de trenes. Para nuestra sorpresa este fue uno de los mejores hoteles en los que estuvimos. Se trataba de la antigua casa del primer ministro que se había reconvertido en hotel y lo cierto es que era muy bonita. Tanto su dueño, Pradhuman, como su empleado, Prakash, son gente encantadora y muy servicial. De echo la siguiente noche después de dormir allí teníamos un tren nocturno que salía tarde y el propietario nos dejó ducharnos y deambular por el hotel hasta que nuestro tren saliera. Además, aprovechamos para cenar allí y probar el Paneer butter masala que nos gustó bastante.
Nos costó bastante encontrar el Templo Bhandasar, el templo jainista más importante de Bikaner, pero mereció la pena la búsqueda. Cuando llegamos en teoria estaba cerrado pero el Brahaman nos vió asomarnos a la puerta y nos invitó a entrar. El templo está decorado con numerosas pinturas florales y figuras, pero lo que más llama la antención de este es su enorme torreón blanco que posee una forma muy característica. Cuando el Brahaman se enteró de que eramos de España, le caimos en gracia y nos empezó a decir cosas en español y nos explicó la historia del templo y los gravados de las paredes. También nos hubiera gustado visitar el Templo de Lakshminath, un templo hindú situado detras del Templo Bhandasar, pero se encontraba cerrado.
Tras reponer fuerzas en Heeral's nos dirigimos a la Ciudad Vieja para recorrer sus callejones. Para variar, el acceso a la Ciudad Vieja está custodiado por una inmensa puerta. En el interior de esta, nos encontramos con un mercado local repleto de puestos de especias, comida y enseres para el hogar. En uno de estos callejones nos topamos con algo de lo que habíamos oido hablar pero nunca habíamos visto, piras de basura. En India es una práctica muy habitual ya que no tienen ningún sistema para deshacerse de la basura, por eso acumulan la basura en un montoncito y la queman. Paseando por la ciudad entramos en un recinto plagado de niños que nos acorralaron durante todo nuestro recorrido (creemos que eran de un cole), y como no al final tocó foto todos juntos.
Nuestra comida en Heeral's no ha estado nada mal. Ya empezamos a entender un poco el estilo de comida que hay en sus restaurantes, que hasta el momento han sido todos vegetarianos. Nunca habíamos estado tanto tiempo sin comer carne la verdad. Nos pedimos dos platos, Raita de piña (plato a base de yogurt de sabor dulzón) y Malai Kafta (albóndigas de verdura y queso con salsa, muy buenas, plato recomendable!), y 2 panes. Todo esto para compartir entre dos no parece mucho, pero nos sobró comida. Júlia come menos y siempre termino yo hasta arriba de comida. Pero de la experiencia se aprende y cada día somos mejores eligiendo platos indios. Ahora incluso estamos elaborando un listado con las palabras clave para poder entender las cartas.
Nuestra primera visita en la ciudad de Bikaner fue el fuerte Junagarh. Lo que se puede visitar del fuerte es la parte del castillo que contiene los aposentos y algunas salas de museo. Existe un recorrido muy bien indicado para realizar la visita de manera que te aseguras no olvidarte nada por ver. Para variar, en el fuerte tuvimos otra de nuestras experiencias de famoseo: un niño de un grupo de indios que visitaba el lugar quiso hacerse una foto con nosotros, y luego, para no ser menos, todo el resto del grupo también nos pidió una foto. De vuelta a nuestra visita vimos venir a algunos indios corriendo hacia nosotros para, como no, pedirnos unos selfies, les interesábamos más nosotros que los objetos expuestos en el museo. El momento de mayor relax fue cuando nos acercamos al bar del recinto y tomamos un agua tranquilamente en la terracita. Nos vino estupendamente ya que al ser una ciudad del desierto, en Bikaner hace muchísimo calor.

19 August 2017

Nuestra sorpresa vino cuando llegó el tren que teníamos que coger (con retraso como siempre) y vimos que no cabía ni un alfiler. A empujones y con un poco de suerte conseguimos entrar en el tren, pero al llegar a nuestras literas estas se encontraban ocupadas por 5 jóvenes sentados en cada una de ellas. Por suerte, un hombre que entró detrás de nosotros nos preguntó donde nos sentábamos y les hizo bajar. A pesar de que iban a bajar de las dos literas, les dejamos una y nosotros compartimos la otra. Afortunadamente, tras dos horas de ameno recorrido (nos hicieron preguntas y fotos, emitían gritos tribales y como no, no le quitaron el ojo de encima a la pobre Júlia en todo el viaje) se bajaron. Se ve que todos iban a una fiesta organizada por la armada en Firozpur, un pueblo cercano a la frontera con Pakistán. Cuando se bajaron pudimos ocupar cada uno nuestro sitio y descansar un poco el resto del viaje. Aunque más tarde también fuimos testigos de una fuerte discusión entre dos indios.
A las 8 de la mañana dejamos el Templo Dorado, poniendo rumbo a Bikaner. Para llegar hasta esta ciudad primero tuvimos que detenernos en Jalandhar City y de allí coger otro tren. Teníamos un par de horas hasta coger nuestro próximo tren, pero la ciudad de Jalandhar no tenía mucho que ofrecer, como se puede ver en las primeras fotos. De este modo, decidimos volver a la estación de trenes a esperar. Tuvimos suerte con nuestra decisión, ya que mientras esperábamos cayó una tromba de agua que tan solo duró 10 minutos pero que nos hubiese empapado.

18 August 2017

Tras la cena, nos adentramos de nuevo en el Templo Dorado para ver la ceremonia de cierre. Esta consiste en que los Sijs retornan su libro sagrado desde el Templo hasta un palacete que hay enfrente para guardarlo durante la noche. Nosotros nos sentamos en la orilla que queda enfrente de la pasarela que une el Templo con el resto del recinto y así pudimos ver como llevaban el libro sagrado en un atril hasta el palacete al ritmo de un curioso instrumento musical. Vale la pena estar sentado en el borde del lago y disfrutar de la tranquilidad del lugar después de un duro día. Cuando ya nos íbamos a ir se acercaron unos jóvenes y estuvimos hablando largo rato con ellos. Siempre que estamos quietos en el mismo lugar un buen rato, tarde o temprano llega alguien a preguntarnos algo o a explicarnos cosas de su cultura, la verdad es que son conversaciones enriquecedoras.
Cuando volvimos de la ceremonia del cierre de frontera, nos apresuramos para ir a ver si quedaban camas disponibles en el Templo Dorado y así dormir esa noche ahí. Quedaban pocas, pero tuvimos suerte. Nosotros pensábamos que dormiríamos en una gran habitación llena de camas o incluso en el suelo, pero tienen una sección más pequeña y mejor cuidada para turistas. Una vez aseguramos nuestra plaza en el Templo Dorado, fuimos a cenar con los Sijs y otros habitantes del Templo. Desde la visión occidental no cuadra mucho el comer en el suelo descalzo, sentado a lo indio y en hileras de gente una al lado de la otra. La comida se sirve durante las 24h del día desde unos cubos de metal, pero sorprendentemente estaba buena. Yo me lo terminé todo, Júlia no tiene tan buen comer hahaha Pero es porque a ella la comida le pica más que a mi.
Estando tan cerca de la frontera, no nos quisimos perder la ceremonia de la bajada de la bandera que se celebra cada día a las 17:30 en la frontera entre India y Pakistán. Más que una simple bajada de bandera, la ceremonia es una muestra de orgullo y patriotismo Indio que se convierte en una competición con el país vecino, Pakistan, por ver quien es mejor (y a ver quien levanta la pierna más alta). Las ceremonias de ambos lados son prácticamente idénticas, tan llenas de pompa que casi rozan lo ridículo, aunque creemos que los Indios hacen más ruido. La cantidad de indios que acuden a ver el espectáculo es increíble, pero aún así a los extranjeros se les reserva uno de los mejores sitios para poder ver la ceremonia. Antes de dar comienzo la ceremonia oficial, un animador acude al centro del lugar y anima a la gente a gritar, bailar al estilo Bollywood y a presumir de bandera.
Nuestra segunda experiencia culinaria en la India fue bastante similar a la primera, aunque esta vez ya teníamos controlado el tema de las cantidades y nos costó menos tiempo decidirnos.
Antes de comer nos sobraba algo de tiempo así que decidimos ir a visitar el Khalsa College, la Universidad de Amritsar. Teniendo en cuenta que se trataba de una universidad, no nos esperábamos mucha cosa, pero al llegar allí nos encontramos con un imponente palacio de piedra rojiza. Pasear por los tranquilos jardines y pasillos de la universidad es una experiencia enriquecedora ya que te da la oportunidad de conocer como es la educación en la India y que tipo de estudios se imparten.
De camino al Templo de Mata pasamos por delante del fuerte Govindargh el cual llamó nuestra atención, de manera que al salir del templo decidimos volver allí y visitarlo. El fuerte está abierto al público desde hace poco tiempo de manera que todavía tiene algunas partes en obras. Dentro puedes encontrar dos pequeños museos, uno con armas y figuras humanas muy realistas con vestimenta de la época y otro con antigüedades. Tras pasear un rato por el interior del fuerte, nos sentamos en un bar donde entablamos una agradable conversación con un lugareño.
Nuestra primera visita de hoy fue el Templo de Mata, uno de los principales templos hindúes. Es un poco difícil de encontrar ya que por fuera es muy sencillo y pasa desapercibido, pero que no os engañe su fachada, su interior no tiene desperdicio. El piso inferior del templo está decorado con figuras de múltiples dioses, como el resto de templos hindúes, pero la que más destaca es la figura de una santa a la que convirtieron en diosa de la fertilidad, a la cual está dedicado el templo. No obstante, lo más interesante de este templo se encuentra al subir las escaleras laterales. Una vez arriba te adentras en un laberinto de salas y pasillos completamente recargados con centenares de esculturas de dioses. Nuestra sorpresa llegó cuando para poder seguir el camino nos tuvimos que adentrar en una gruta artificial y avanzar a través de un camino inundado.

17 August 2017

De regreso al hotel, bordeamos el recinto del Templo Dorado y nos encontramos la Torre de Baba Atal. Es una torre octogonal en recuerdo a Atal Rai que devolvió la vida a un amigo suyo sacrificando la suya propia. La torre consta de 9 pisos y cada piso representa un año de la corta vida de Atal. Mientras paseábamos por dentro de la torre un Sij del Templo Dorado acudió a nosotros y nos explicó la historia del monumento. Al final de la visita nos hizo acompañarlo al interior de su reservado y le dió un turbante naranja de Sij a Ivan (previo pago de 100 INR, aunque él estaba encantado de tener un turbante original).
Cerca del Templo Dorado se encuentra el monumento y parque conmemorativo Jalianwala Bagh. Está dedicado a los más de 1500 indios que murieron cuando un oficial británico ordenó disparar contra los manifestantes desarmados. Dentro del recinto, donde se produjo la matanza, aún se pueden ver disparos de bala en las paredes. En la entrada del parque hay una llama que nunca se apaga en memoria a los caidos. Es un sitio tranquilo donde uno puede ir a descansar y sentarse un rato en sus jardines.
Siguiendo nuestro camino por el bazar llegamos al Templo Sri Durgiana. Es un templo hindú "similar" al Templo Dorado, aunque no tienen nada que ver, ya que en realidad en lo único que se parecen es en el echo de que ambos se encuentran situados en el centro de una laguna. Su principal característica son las enormes puertas de argentinas que dan acceso al templo, de ahí que también se le conozca como el Templo Plateado. El templo es muy chiquitín y no tiene mucho por ver, aunque en él se pueden contemplar estatuas de algunos de sus múltiples dioses, que parecen estar hechas con papel maché. Lo que más nos llamó la atención fue ver globos de doraemon, piolin o frozen colgados dentro del templo, sinceramente no terminamos de entender el significado de esta decoración. Aún así es un templo que hay que visitar para poder ver las amplias diferencias entre ambas religiones.
Con nuestros estómagos llenos, salimos del restaurante y cogimos una calle a mano derecha que nos condujo a los famosos bazares de Amritsar. Una serie de callejuelas infestadas de gente y repletas de tiendas en las que puedes encontrar hermosas telas. Es un contraste curioso el que existe entre los bellos colores de las telas y la suciedad típica de la India (todo hay que decir que está más limpia que Delhi). La ciudad vieja de Amritsar se encuentra dentro de un recinto al cual se puede acceder a través de 18 puertas, entre las cuales se encuentra la puertas de Gandhi. Algo que no deja de sorprendernos es encontrar todo tipo de animales (vacas, cerdos, elefantes...) circulando como unos peatones más.
Al final de la calle principal, enfrente del museo Partition, encontramos el restaurante que nos habían recomendado, el Bharawan DaDhaba. Al ser nuestra primera comida en la India al ver la carta no entendimos nada. Tras pensarlo brevemente decidimos arriesgarnos y pedir lo que nos insipiraba más confianza. Nuestra sorpresa llegó cuando nos dimos cuenta de que habíamos pedido demasiada comida para solo dos personas (somos de buen comer), aún así nos gustó todo lo que pedimos. Un consejo, si no os gusta mucho mucho el picante pedid la comida no spicy, porque igualmente la comida india tiene su toque picante particular.
Tras visitar el Templo Dorado paseamos por la calle principal de Amritsar. Se encuentra justo a la salida de la entrada principal del templo. Es una bonita calle empedrada en la que se encuentran numerosos comercios locales y destacables edificios, como el mercado.
Una vez en Amritsar fuimos al ineludible Templo Dorado, el legendario templo de los Sijs. Iniciamos nuestra visita pidiendo información en la oficina del templo donde nos recomendaron ver una serie de proyecciones sobre la historia de Amritsar y el Templo Dorado. Tras entender mejor los orígenes y costumbres del lugar nos adentramos en el templo. El Templo Dorado se encuentra en el centro de una laguna rodeada por blancos edificios. Al complejo se puede acceder a través de cualquiera de las cuatro entradas, pero recomendamos entrar por la entrada principal ya que en ella se encuentra la oficina de información. Siguiendo sus costumbres antes de acceder al recinto debes taparte la cabeza, descalzarte (en las entradas hay lugares habilitados para poder dejar tus zapatos) y lavarte los pies y las manos. Además del Templo Dorado, dentro del recinto se pueden visitar otrod puntos de interés. Para entrar en el templo os recomendamos hacerlo por la fila de enmedio puesto que va más deprisa.
Sin haber dormido mucho, pero con todo nuestro equipaje a salvo llegamos a Amritsar. Desde nuestra experiencia no hay ningún problema en coger trenes en sleeper class, es verdad que hay gente subiendo y bajando continuamente, vendedores ambulantes, mucho ruido y llegan olores inquietantes desde fuera pero aún así se puede descansar intermitentemente. A nuestra llegada a Amritsar Junction, Sxinde, un hombre muy amigable, se ofreció a llevarnos en ciclorishkhaw a donde quisieramos y fuimos con el hasta el Hotel Grace. Hasta el momento ha sido el mejor trayecto en tuk tuk ya que Sxinde nos ha hecho de guia turístico durante el viaje y el precio ha sido muy económico. Lo más gracioso ha sido cuando hemos tenido que bajar del tuk tuk y empujarlo para poder subir una empinada cuesta. En el hotel, situado justo al lado del templo dorado, hemos aprovechado para darnos una ducha y lavar nuestra ropa improvisando un tendedero. Lo mejor del hotel es su ubicación, las habitaciones son sencillas.

16 August 2017

Después de un largo primer día en Delhi nos dirigimos a la estación Hazrat Nizamudin para coger un tren hacia Amritsar. Llegamos una hora antes, por la falta de experiencia en este mundillo, pero la verdad es que encontramos rápido el andén en el que pasaría nuestro tren, era el primero de todos hahaha. Además el tren llegó con retraso, algo común en la india, con lo que tuvimos que esperar un rato más. Aun así, se nos paso rápido ya que conocimos a unos jóvenes locales que nos amenizaron la espera. Somos un espectáculo para ellos, ya son el segundo grupo que se hace una foto con nosotros hahaha. Ahora estamos tirados en las literas de la clase sleeper del tren, la verdad es que íbamos con un poco de miedo, por que unas cuantas personas nos habían hablado fatal, por el tema de suciedad y poca intimidad, sin contar el tema de los robos. Pero la verdad es que tampoco parece estar tan mal. Ahora son las 21:30 y aún nos queda un largo viaje por delante, mañana veremos como ha ido la noche.
Después de pasear por Delhi hemos decidido visitar la tumba de Humayun. Hemos llegado a ella con un tuk tuk motorizado que nos ha costado 130 rupias desde Vieja Delhi (no se si es mucho o poco la verdad, pero bueno ha hecho un buen recorrido. Eso si, siempre regatear el precio que os dicen). El monumento es muy bonito, contiene diferentes mausoleos de algunos miembros de la família del emperador mongol. Las tumbas estan rodeadas de grandes jardines y fuentes. Si quieres estar tranquilo del ajetreo de Delhi está totalmente recomendado. A mi me ha ido muy bien este pedazo de tranquilidad, eso si, hay que pagar 500 rupias para poder entrar.
Esta es la zona de Vieja Delhi, calles infestadas de gente, coches, tuc tucs, animales... La primera impresión que tuvimos de esta zona fue cuando llegamos a las 2 de la mañana, calles oscuras, sucias y que parece que estan en construcción, sumado a gente con cara de pocos amigos. Pero por el día cambia totalmente, sigue siendo la misma calle pero llena de vida y negocios callejeros. Hay que pasear por esta zona para conocer lo que es Delhi. Nuestro hotel (Amax inn) estaba en uno de estos callejones, pero la verdad es que no tengo queja ninguna, muy serviciales (nos estuvieron esperando en el aeropuerto 2 horas y pico por que el vuelo iba con retraso) y las habitaciones están muy bien. Además, nos pasamos 3 horas en el hall del hotel usando su wiffi para terminar de reservar los trenes, ya que el hombre de la oficina de turismo nos lo había aconsejado dado que las plazas se acaban rápidamente.
Paseando por el centro de Nueva Delhi encontramos esta bandera, en la plaza de Connaught Place. Puedes entrar en el jardín que la rodea, es un sitio tranquilo para poder escapar de los agobios de Delhi. Es curioso por que vas por la calle andando y la gente se pone a tu lado a hablar, algunos con verdadera intención de ayudar y otros para intentar venderte algo, de echo caímos como novatos porque uno se nos acerco y nos convenció de coger un tuc tuc hasta la zona de Nueva Delhi, para ir a la oficina de turismo "oficial", que resultó ser una agencia de viajes, si sabemos que siempre lo dicen que pasan estas cosas, pero caímos, hahaha, todo hay que decir que el tuc tuc nos salió baratísimo hasta el centro, solo 20 rupias y además cuando nos intentó vender cosas después de explicarnos toda Delhi, cogimos y nos fuimos y a 100 metros estaba la oficina de turismo oficial. La recomiendo si nunca has ido a Delhi, son de gran ayuda, en la Lonlyplanet pone la dirección buena de la oficina.

15 August 2017

Después 7 horas y cuarto llegamos al aeropuerto de Nueva Delhi a las 00:00 hora local. El vuelo con Swiss, igual que el anterior, estuvo genial. En el avión se podian ver buenas películas, jugar a juegos (como podeis ver a Ivan le encantó el de carreras de coches) y la comida no estuvo mal y además servian una buena cantidad, no se pasa hambre.
Justo a tiempo para comenzar nuestra aventura terminamos de empaquetar el equipaje, aunque podríamos decir que en ese momento ya estaba empezando nuestra aventura pues el momento de plastificar nuestras mochilas al estilo casero fue toda una hazaña. Salimos de Barcelona dirección Zurich temprano por la mañana con la compañia Swiss. Llegamos al aeropuerto de Zurich a las 11:34 con una horita para hacer el cambio al vuelo de la India. No nos sobró mucho tiempo en la conexión ya que tuvimos que cambiar de terminal con un Underground y hacer cola para enseñar nuestros pasaportes en las garitas de control. Pero por suerte todo estaba muy bien indicado y llegamos a tiempo para coger nuestro vuelo a Delhi.